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Esta foto la tomé en septiembre de 2005.

No conozco el nombre de esos niños beduinos que jugaban con su perro a las afueras de Jericó, pero sí sé que son, probablemente, los más pobres de los pobres de Israel. Ni son árabes, ni son judíos, ni cristianos, ni musulmanes, ni nómadas ni sedentarios…

Me pregunto si, quizá por ser tan pobres, aún están vivos. Y me lo pregunto hoy, en un día que nos trae, como tantos otros, la noticia de la muerte de varios niños y adolescentes en Israel.  

Si la sangre del inocente Abel, derramada, clamaba hasta el Cielo, ¿hasta dónde clamará la de todos los niños asesinados en abortos, guerras, etc…?

Por otro lado, espero que éstos dos pequeños amigos no sólo estén vivos aún, sino que no hayan destrozado demasiado los muros que se ven en la foto: son los restos del fabuloso palacio que Herodes el Grande construyó en Jericó hace aproximadamente 2000 años. Sic transit gloria mundi.