Los judíos tienen una larga serie de normas destinadas a preservar el sábado como una gran fiesta. No pueden encender fuego, ni llevar cargas pesadas, ni hablar de dinero…
Una de las normas que más me gustan es que el sábado está prohibido ser viejo.
Si uno entiende el judaísmo desde un sentido literalista puede parecer una norma ridícula. Sin embargo, se trata de un mandamiento maravilloso.
"Está prohibido ser viejo" significa que, para la santidad-felicidad del sábado, es improcedente tener las actitudes de los viejos. No se trata de tener más o menos años. Es otra cosa.
Una actitud de viejo es defender continuamente las propias manías. O justificar una norma sólo porque "siempre se ha hecho así".
También es de viejos recordar continuamente los propios dolores o sufrimientos o quejas (el que quiera, que se monte un club de quejicas).
Es de viejos ver la vida como si lo mejor estuviera siempre en el pasado: antes era mejor. El joven lo tiene todo por delante, aunque tenga 80 años.
Es de viejos vivir la vida sin emoción, como si uno ya estuviera de vueltas de todo, como si ya lo supiera todo, como si no hubiera ya sorpresas agradables por delante. Confieso que es una de las actitudes de los viejos que más me desagrada.
De viejos es hacerlo todo siempre igual: comer siempre lo mismo, decir siempre lo mismo, pensar siempre lo mismo…
Hay más actitudes de viejos, pero creo que la idea está clara.
Jesucristo es eternamente joven. Quien vive en él, siempre es joven, porque siempre tiene lo mejor por delante. Por eso no teme ni al cambio ni al futuro. Hay una juventud natural (los años físicos), y una juventud trascendental (la gracia en el corazón). La que más feliz hace es la segunda que, además, es accesible siempre para todos. No es necesario decir que, como toda gracia, es un don, un regalo del cielo que se da a quien lo desea.
Hay quien dice que es joven interiormente, pero entiende esta juventud como hacer las mismas tonterías de muchos adolescentes, las locuras de la inmadurez…No es eso tampoco. La juventud no es para divertirse, sino para hacer la voluntad de Dios. Es joven el que hace la voluntad de Dios siempre. Por eso es siempre feliz. Por eso ni cansa ni se cansa.
Algunos de mis jóvenes preferidos (tengo muchos) son Juan Pablo II y la madre Teresa de Calcuta. Eternamente jóvenes hasta el lecho de muerte.
En definitiva, considerando todas estas cosas, la norma de los judíos me parece muy permisiva. Yo diría: Prohibido ser viejo ni el sábado ni el resto de la semana.
¡Viva Jesucristo, eternamente santo, joven y feliz!
