Estoy en una reunión de jóvenes de una parroquia. En un momento determinado, se invita a los presentes a compartir la experiencia de este verano y de la última peregrinación a Loreto.

Se levanta un chaval con pinta de modelo publicitario y se acerca decidido al micrófono.

"Me llamo X. Tengo 23 años. He pasado el verano trabajando en EEUU. Mis compañeros de trabajo hablaban fundamentalmente de tres cosas: sexo, sexo y sexo. Hostigado por el ambiente, una noche, delante de quince personas, les dije que soy virgen porque soy cristiano, y que no les explicaba nada más porque no lo iban a entender. No volvieron a hablarme del tema y me respetaron profundamente. He estado viviendo con grandes tentaciones todo el verano, pero deseando vivir mi fe día a día. Hoy estoy muy contento de no haber tenido miedo de hacer el ridículo por Jesucristo".

Se sienta entre aplausos.

Yo me pregunto cómo es posible que algunos piensen que no hay esperanzas.

¿No será que tienen los odres viejos?