A raíz de un comentario que alguien ha dejado, me he puesto a pensar acerca de los problemas en torno al conocimiento y cumplimiento de lo que los cristianos llamamos "la voluntad de Dios", y las connotaciones implicadas. ¿Qué significa "la voluntad de Dios"?¿Cómo conocerla?¿Cómo cumplirla?¿Qué nos importa, en definitiva, la voluntad de Dios?
Es un tema complejo del que han hablado tantísimos maestros de la espiritualidad que parece difícil poder añadir nada. No pretendo, pues, descubrir nada nuevo, sino plantearme en "voz alta" algunas de las cuestiones que se me han propuesto personalmente o a través de otros. Por supuesto, como siempre, estoy abierto a sugerencias, preguntas, correcciones…Hay grandes obras que hablan del discernimiento cristiano. Lo que yo pueda decir es simplemente una insinuación o una invitación para seguir adelante. Que nadie espere grandes ideas: son sólo algunos esbozos de una cuestión muy compleja.
De momento, me gustaría decir algo de lo que NO es la voluntad de Dios.
Con frecuencia, cuando escucho hablar de este tema, me da la impresión de que algunos confunden la voluntad de Dios con el destino. Hay una visión pagana de la vida que supone que toda ella está escrita de una forma misteriosa, como si hubiera un plan ya trazado, inamovible, inexorable, tiránico, y como si el hombre no pudiera cambiarlo, al menos con facilidad. Se trata de una especie de guión que alguien o algo ha escrito y que el ser humano sólo puede conocer y acatar. Si se sale del guión asignado, del cielo vendrá un castigo. Esta forma pagana de entender la vida induce evidentemente a la consulta a los horóscopos (me da repulsión que me pregunten por mi horóscopo: me parece una soberana estupidez), las cartas, los adivinos… El futuro aparece como algo ya fijado. La única ventaja posible es conocerlo. La magia nos da la posibilidad de cambiarlo, quizá. Los sacrificios religiosos aplacan la ira de la divinidad o permiten modificar el guión.
Si esta versión del destino la cristianizamos resulta algo estremecedor. Dios aparece allá en lo alto escribiendo guiones secretos y poniendo sobre el mundo personitas que deben vivir según un proyecto que Dios, quizá maliciosamente, parece esconderles reiteradamente. La voluntad de Dios se convierte, pues en algo que debemos cumplir, so pena de un castigo o, al menos de la infelicidad. La voluntad de Dios para cada uno se convierte en un designio inamovible que pesa sobre nosotros más como una amenaza que como una promesa. Es una amenaza porque uno puede estar siempre asustado por si se confunde y no hace "lo que está escrito", o por si, creyendo que la voluntad de Dios era blanco, la cumple y resulta que después descubre que era negro.
Puede pasar que uno se salga de la voluntad de Dios y se convierta en un marginado de la vida espiritual. Hay quien piensa que ha estropeado el plan de Dios para su vida de una vez para siempre. El resultado es la tristeza y el abandono. Hay quien piensa que Dios está ahí, escondido en alguna parte, esperando a ver si nos equivocamos para darnos con el rodillo en la cabeza.
La voluntad de Dios, además, entendida así, puede parecer algo monstruoso, porque a veces la vida está llena de dificultades y problemas, de penas grandísimas que algunos creen que hay que aceptar con resignación porque "son la voluntad de Dios".
Algunos piensan que sólo se está haciendo la voluntad de Dios cuando se está viviendo con grandes dificultades: como la visión de Dios es tan sádica, parece que sólo es la voluntad de Dios que llevemos la cruz, y no que disfrutemos de un paisaje o de un plato de paella (todos los placeres serían peligrosos porque en realidad, lo que Dios quiere es que suframos, mucho y bien).
Algunos piensan que la voluntad de Dios es lo que interpretan que pone la Biblia cuando la abren al azar. Otros piensan que los curas (díganse religiosos, obispos, papas etc…), siempre y sólo ellos, son oráculos ciertísimos de la voluntad de Dios.
Los ritos, las misas y novenas, los sacrificios y promesas, los actos religiosos, públicos o privados, pueden utilizarse como medios mágicos para conocer, modificar, aplacar la voluntad divina…
Se trata, en definitiva, de la versión pagana de la voluntad de Dios. No me extraña que a muchos les lleve a apartarse de la fe o a vivirla de una forma triste y oscura, arrastrando los pies por la vida.
(Hasta aquí, la vía apofática: Otro día, más).