El ambiente en Roma ha sido tal y como se esperaba: la beatificación de 498 mártires de la persecución religiosa en España entre los años 1931-1939  lo merecía.

Sergio y yo hemos ido a la plaza con un pase normal. La verdad es que, sabiendo que el Papa no presidía la Eucaristía, no he tenido mucho interés en conseguir un pase más especial.

Cuando hemos llegado a la plaza de San Pedro, aún había algunos sitios buenos libres. Se me ha sentado al lado un señor de la Acción católica italiana muy simpático. Para empezar me ha preguntado que si yo sabía quién era la piedra angular que los constructores habían desechado. Después le ha preguntado a Sergio si sabía lo que le pasa a una casa construida sobre la arena. Yo le he insistido en que los domingos no se hacen exámenes. Pero, como no cedía, le he dicho: "Explíqueme usted por qué dice el Evangelio que Pedro pescó 153 peces, exactamente 153, en el cap. 21 de Juan. Y, si no lo sabe, pues no le contestamos a nada más". La táctica ha salido bastante bien y el señor ha estado calladito el resto de la mañana. Yo sé que, en el fondo, todas sus preguntas eran una expresión de sociabilidad, de su amabilidad y de su alegría por participar en esa celebración tan maravillosa y por tener el honor de sentarse junto a nosotros.

Antes de la celebración han estado leyendo testimonios de los mártires, cartas escritas por ellos desde las cárceles, etc. Han sido textos muy impresionantes. Han leído una poesía de uno de los mártires que me ha parecido bastante cursi, la verdad. Pero eso me demuestra que es posible ser cursi y mártir a la vez. Todo lo que tenía de cursi lo tuvo después de gallardo a la hora de derramar la sangre por Cristo. Pensamos que la santidad va siempre acompañada de las perfecciones humanas, y eso no siempre es así. Gracias a Dios.

El cardenal que ha presidodo lo ha hecho muy bien. La homilia, estupenda, sin levantar pasiones.

Me ha sorprendido que no se trajeran reliquias de los mártires, como se hizo en la beatificación de los valencianos. Pero Sergio dice que hace falta contratar a una empresa de transportes para llevar las reliquias de 498 mártires. (Yo creo que no sabe que las reliquias son sólo un trocito del cuerpo, y no el cadáver entero: a estos argentinos les falta mucho camino :) ).

La gente ha sido muy respetuosa a lo largo de toda la celebración. Especialmente sentido ha sido el silencio tras la comunión. He recordado entonces algunas cosas de la homilia:

Esta celebración no va contra nada ni contra nadie. 

Son necesarios nuevos testigos que, sin querer hacer componendas con la sociedad, estén dispuestos a ir hasta el final en, al menos tres puntos de la actualidad: 

1.-La inviolabilidad de toda vida humana, desde la concepción hasta el final natural de la existencia

2.-La defensa de la familia basada en la unión indivisible del hombre y la mujer unidos en un matrimonio amoroso y fecundo

3.-La defensa del derecho de los padres a elegir el tipo de educación moral que quieren para sus hijos.

(Son tres puntos que voy a tener muy presentes en las próximas elecciones. Nada del voto útil. O me garantizan esos tres puntos en el programa electoral, o que les vote su abuela).

El Papa ha estado muy simpático (para ser alemán, claro: no son la alegría de la huerta, precisamente). Ha hablado del martirio incruento de la vida cotidiana. La gente ha gritado en los momentos justos.

En definitiva: PERFECTO, dentro de lo que cabe en una obra humana.

Espero que no seamos tan necios como para olvidar el testimonio enorme de aquellos que "no amaron tanto su vida que temieran la muerte"

 

 Dejo unos testimonios gráficos:

Unas fotos  

El himno joven de los mártires

Un video  

Carta de Bartolome, de 22 años, a su novia. No os perdáis el video. Gracias a El Forajido.

Bonito y extrañamente respetuoso artículo de El País