Lunes, 31 de Diciembre de 2007
Nos hemos levantado a las cuatro de la mañana para ir a Madrid. El pequeño A. (5 años) no entiende que le saludemos con un "¡Buenos dias!", porque aún está oscuro, así que nos dice a todos "Buenas noches". De todas formas piensa dormirse en el coche.
A las cuatro y media ya tenemos preparado el vehículo todoterreno.
Hace falta cierta práctica para llevarse cuatro niños y un presbítero a Madrid, pero el matrimonio anfitrión es experto en situaciones difíciles, y no se ha olvidado de nada.
A las cinco ya estamos en carretera. Somos una caravana de tres furgonetas. El numero total de niños es de diez, según los organizadores, aunque, según la policía, podría ascender a catorce por la infancia espiritual de alguno de los presuntos adultos.
Cerca de Madrid paramos para reaprovisionarnos de gasoil y cambiar el agua a alguno de los cachorros. Uno de ellos ha sido el encargado de vigilar el exterior del campamento mientras los demás nos tomamos un cafetito:
Por fin, ya en Madrid, realizamos nuestra versión del desembarco de Normandía:
Por todas partes van apareciendo los aguerridos combatientes, que abandonan las furgonetas o autobuses-patera sin miedo a nada.
Encontramos un buen sitio para disfrutar de la celebración. El número de asistentes desborda las previsiones más optimistas, aunque algunos dirán que éramos cino o seis fachas.
Ultimamos los preparativos y nos aseguramos de tatuar el número telefónico paterno en los musculosos brazos de nuestros marines (hay que garantizar la retirada):
Antes de la celebración, los organizadores nos torturan con un entretenimiento pseudocómico que hace crujir los huesos de Groucho Marx. ¿No hubieran podido poner villancicos y en paz?.
Comienza una serie de saludos y arengas. La del Cardenal de Valencia nos gusta mucho a todos. Invita a los gobernantes a tomar nota de lo que está ocurriendo en la plaza de Colón, alerta de los peligros del laicismo, incapaz de construir una sociedad democrática y respetuosa con el hombre, y señala la posibilidad de que estos encuentros se sigan haciendo a nivel diocesano.
Aquí pongo una foto de mi chico:
Andrea Riccardi, fundador de las comunidades de San Egidio, afirma que la familia es la casa de la vida, y que el dolor de los que no tienen familia es una llamada a defender esta realidad humana, y a trabajar para que todos puedan tener una. Su discurso sorprende a quienes no le conocen (lo cual despierta mi secreto orgullo: suelo llevar a todos los visitantes romanos a conocer estas comunidades, que en Roma están dando un espléndido testimonio de fe y de evangelización de la sociedad).
Hay más testimonios-discursos. El de Comunión y Liberación es muy profundo, pero yo ya estoy un poco mayor, y me distraigo si el orador es un poco sosito, así que decido leerlo cuando lo publiquen.
Muchos preguntan por el Opus Dei. Por lo visto no se espera de él una presencia "ofcial" entre los oradores. El Opus Dei es una prelatura personal que se remonta a 1928. Así que, ni es un MOVIMIENTO, ni es una NUEVA realidad eclesial. Sin embargo, aunque sin representación en el micrófono, su presencia anónima se intuye numerosa. Nunca fallan a la hora de defender heróicamente la familia.
El parlamento de Kiko Argüello no defrauda. Lo primero que hace es saludar a todos los que han venido y agradecer la presencia, especialmente a los de Portugal. Rompe el esquema de los discursos leídos (sólo él y el de la Renovación Carismática, hablaron sin papeles). La verdad es que se agradece la inyección de vitalidad, de sencillez y de alegría que aporta al estrado. Aparte de pedir que se agiten las pancartas de los grupos de neocatecumenales (a ver si los obispos se enteran de quienes tienen delante, y algunos dejan de hacer la mona) no duda en sacar la guitarra y hacernos cantar el Resucitó.
En resumen: Kiko ha venido con ese puntito transgresor y gamberro que me hace sentir orgulloso de ser cristiano.
De la arenga de Benigno, el director del Foro de la Familia, un señor excepcional, sólo recuerdo la invitación que hace a los padres para que no deleguen la educación de sus hijos en nadie, y mucho menos, en el Estado. Maravilloso.
Para la celebración de la Palabra han traído una imagen de la Virgen de la Almudena (no sé si la original o un clon) a hombros de un grupo de hijos de misioneros madrileños. Lo de misioneros debe ser cierto, porque tardan tanto en subir la Virgen al estrado que parece que la traen de China. Han tenido que repetir el himno de la Virgen tres veces, con sus estrofas, estribillos y todo.
La liturgia de la Palabra nos recuerda las lecturas del día. Llevamos cuatro horas de pie, pero eso no parece importarle a la monitora de la primera lectura, que parece la señora Duracell: dura, dura y dura. Eso me recuerda la obligación que tienen todos los casados de escuchar a sus esposas hasta que estas se den por satisfechas. Las mujeres tienen derecho a salir de casa bien habladas y escuchadas
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El Cardenal Rouco hace una homilia estupenda. (Una vez más, tengo que recordarle a uno de los presentes que la voz del Cardenal no se debe a su parentesco con Darth Vader. Es así, y punto). El Cardenal de Madrid, secundando la iniciativa de Kiko, ha sido humilde y valiente al convocar esta celebración, así que está a punto de entrar en mi lista oficial de Grandes-aún-vivos.
(Obsérvese el difícil contraste entre el elegante roquete de Rouco y la estola de rancio y decadente gusto que lleva encima).
No podemos olvidar el mensaje de B16: elegante, sobrio, lleno de vigor e inteligencia. Aquí, una fotito:
El encuentro, en fin, fue absolutamente MARAVILLOSO, aunque hubo momentos más o menos "luminosos". Nuestro grupo no tuvo nada que ver con los ataques aéreos de un grupo de asistentes al encuentro, perpetrados por saboteadores como el de la foto, pillado in fraganti mientras recogía sus artefactos:
Tampoco tuvimos nada que ver con los ataques físicos que sufrió este donante de cabello:
Al acabar el encuentro, llenos de alegría, replegamos nuestros tanques:
Ha sido un gran combate, pero la guerra continúa. He aquí la gloriosa imagen de uno de los escuadrones victoriosos, abandonando el campo de batalla:
Volvemos a casa contentísimos de haber podido mostrar a quien lo quiera ver el esplendor de la familia cristiana. Y, además, hemos manifestado al mundo nuestra mejor arma secreta, el motivo por el que, a pesar de todo, seguiremos siempre llenos de esperanza: que Cristo nos sostiene en nuestro intento de ofrecer a estos niños un mundo mejor que el que hemos recibido.
P.D. Podéis encontrar otro comentario, y las referencias a otros comentaristas en el Blog de Embajador en el infierno.

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