La segunda antífona de los laudes del día de la Inmaculada dice:

"LLévanos contigo, Virgen Inmaculada. Correremos tras el olor de tus perfumes".

Al leerlo, se me ha ocurrido pensar a qué huele la Virgen.

Al principio me ha venido a la mente que la Virgen debe oler a humildad, a sinceridad, a servicio, a pequeñez…

Debe oler, en fin a una mezcla de todos esos aromas y muchos otros.

 

Pero al final he pensado que, lo más seguro es que la Virgen huela a Cristo.

 

Y Cristo, como todos sabemos, huele a oveja perdida y recuperada. 

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