Hay una corriente espiritual (por llamarla de alguna forma), que se empeña en divorciar el cristianismo del mundo. Según ella, hay dos ámbitos claramente diferenciados: el de lo espiritual-cristiano, que es todosanto, y merece toda la atención, y el resto, el ámbito de lo que, aparentemente no tiene nada que ver ni con el espíritu, ni con la fe. Este segundo ámbito es considerado todopecado, y no merece el menor de los respetos.
Es posible dejarse seducir por esta división. De ese modo, uno puede intentar vivir sólo en un mundo "espiritual", caminando varios metros por encima del suelo. Con frecuencia es un recurso para defenderse de la secularización de la sociedad o del anticristianismo que a veces se hace presente. Cuando uno se ha encerrado en una espiritualidad que no sabe exponer, defender, explicar, tiene el riesgo de negarse al diálogo, de cerrar los ojos al exterior, de mirar al pasado y al interior buscando allí la auténtica Iglesia… Son modos de defensa ilusorios, que se apoyan en la antigua concepción maniquea que clasificaba la creación y los hombres como buenos o malos.
Nada más lejos del cristianismo.
Me venía al pensamiento el discurso de Juan Pablo II el 6 de Enero de 2004. El Papa, recordando las palabras de Pablo VI en su visita a Belén, decía:
"Miramos al mundo con inmensa simpatía. Si el mundo se siente extraño al cristianismo, el cristianismo no se siente extraño ante el mundo". "La misión del cristianismo en medio a la humanidad es una misión de amistad, de comprensión, de aliento, de promoción, de elevación: es decir, una misión de salvación".
A veces, en la relación con los otros, especialmente con "los de fuera", conviene recordar esto, y mirarlos con simpatía incluso cuando no saben manejarse en "modo cristiano" (no saben comportarse en un templo, o no saben cómo dirigirse a un cura, o no conocen nuestra extraña terminología…).Mirarlos con simpatía. Y recordar siempre que nosotros estamos de su parte. Desde lo de Jesús (incluso antes), siempre estamos de la parte del hombre.)

(Niños en la Puerta de Damasco. Jerusalén)



