San Valentín no fue (lo siento, chicas) ningún angelito con alas ni nada parecido, sino un mártir porque se empeñó en facilitar el matrimonio cristiano prohibido por el emperador. Su historia está en penumbra, pero podéis leer algo aquí.
Hace un tiempo estuve en Terni, diócesis de San Valentín. Dice la gente que quien se casa en su catedral tiene matrimonios muy felices.
Aquí está la catedral.
Aquí, la puerta ultra moderna de la Catedral.
Y, aquí, los restos de San Valentín, tal y como pude venerarlos en la Iglesia de Santa María in Cosmedin.
A algunos puede parecerles poco romántica la última foto.
Yo creo que puede llevarnos a pensar cosas interesantes.
Recuerdo una novela en que la esposa en su lecho de muerte, reprochaba al marido:
"Tú me prometiste el amor eterno, y ahora, ni siquiera te atreves a estrechar mis manos frías".
¿Qué es la promesa del amor, sino promesa de vida eterna?
¿Qué es esa promesa, si no se apoya en la fe cristiana?
Una ilusión insensata.


