Hoy la Iglesia recuerda la historia del rico que pasaba su vida banqueteando, y del pobre Lázaro, que, a las puertas del rico, esperaba a recoger las migajas de su mesa. Se puede leer en Lc 16,19-31.
En algunas ediciones antiguas de la Biblia se llamaba "Parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro".
En realidad, el rico de la parábola no tiene nombre, lo que equivale a decir que no tiene identidad. O, mejor dicho: su identidad son sus riquezas. Se llama, es, lo que tiene o lo que desea tener.
Quizá es un buen momento para que pensar cómo nos llamamos cada uno de nosotros. ¿Señor Carrera Universitaria?¿Señora Salud?¿Don Viajes?¿Doña Simpatía?¿Doña Guaperas?¿Señor Futbolista?¿Mr. Catequista?¿Doña Beata?¿Señor Cura-buen-rollito-con-los-jóvenes?¿Doña millones?¿Don Sofá-y-televisión?¿Doña Hagoloquemedalagana?
No estaría mal echar un vistazo hoy a los que se sientan a la puerta de nuestra casa, de los cuales tantas veces no conocemos el nombre, o las aficiones, o las tristezas, o las esperanzas, o las angustias…No estaría mal salir a nuestras calles y hacer pasar a los pobres, para que se harten en el salón de nuestra amabilidad, de nuestra risa, de nuestra paciencia… Es una buena forma de conseguir un nombre decente.