Estoy metido en el estudio de la pragmalingüística. Hoy ha pasado por mis manos un libro que hablaba de la literatura infantil, concretamente, de la importancia de contar cuentos a los niños.
Empezaba explicando que el cuento ayuda al niño a salir de sí mismo, del mundo habitual en el que vive, del cual él es el centro. Escuchar un cuento le permite entrar en un mundo donde otros son los protagonistas.
Además, los cuentos suelen presentar valores contrastantes, sin gradación. Hay buenos y malos, listos y torpes, etc… Resulta más fácil ir aprendiendo los valores mediante los contrastes extremos (más adelante, habrá que enseñarles a matizar).
El niño, además, aprende a participar en un mundo que no puede manejar. El cuento es independiente del niño, tiene su propio desarrollo, y el niño no lo puede alterar. El mundo real, en cierto modo es así. El niño aprende, de los cuentos, que no puede disponer del mundo a su antojo.
Además, el cuento ayuda al niño a salir de la esfera de sus propias simpatías y antipatías, de la esfera de las necesidades inmediatas, y puede situarlo en el mundo de los grandes valores, de las grandes aspiraciones…
Pero no sólo los niños se benefician de una buena historia. Es difícil sustraerse a un buen relato, incluso cuando eres adulto.
Podría seguir hablando de lo que configura una buena historia, claro.
Pero eso es otro cuento.