En una convivencia preparada por los Escolapios para transmitir a los catequistas de mi parroquia la experiencia de los Oratorios de niños pequeños, Gonzalo Carbó dijo lo siguiente:
"Aunque a veces no nos demos cuenta, los niños sufren muchísimo. De hecho, muchos psicólogos afirman que nos olvidamos de nuestra infancia precisamente porque ha sido una etapa muy dura y con mucha infelicidad".
Es verdad que, para los adultos muchos sufrimientos infantiles se deben a causas ridículas. Pero convendría analizarlo mejor. ¡Cuánta carencia afectiva -real o imaginada- puede haber detrás de las lágrimas de un niño que llora porque su hermano no le deja un juguete!.
No importa tanto que los padres quieran al niño cuanto que el niño SEPA que sus padres le quieren.
EL icono de la Virgen del Perpetuo Socorro lo ilustra muy bien.
Como véis, los ángeles le muestran al niño Jesús los intrumentos de la Pasión (el sufrimiento). El niño se asusta tanto que se le cae la sandalia. Pero se agarra firmemente a las manos de su Madre, y ella le reconforta para que mantenga el ánimo.