Gracias a Luís.
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¿Es un pecado desperdiciar el sol romano del principio de la primavera? Dice la tradición hebrea que "de cualquier placer lícito que no disfrutéis daréis cuentas a Dios".
Me dispongo a obedecer esta indicación del Talmud, que pretende que valoremos y disfrutemos de la Creación. Sería una descortesía si no supiéramos agradecer a Dios este mundo tan estupendo que nos ha preparado.
Salgo a la plaza y me encuentro con un stand de "Dopo di noi", una asociación de familiares de discapacitados que mantiene diversos proyectos destinados al cuidado de los discapacitados psiquícos y físicos que quedan huérfanos.
Me acerco a uno de los paneles, el que cuenta los orígenes de la organización. Descubro sin sorpresa que la iniciativa ha sido impulsada y sostenida por la Iglesia. No hay más ciego que el que no quiere ver.
En la plaza de al lado hay una feria. Son un grupo de sicilianos que están hasta el moño de la Mafia.
Han puesto unas "paraetas" con comida típicamente siciliana y, mientras dan a probar el aceite o venden un poco de miel o unos paños de cocina, explican a quien quiera escuchar los desastres que les está causando la Mafia y la cultureta extorsionadora adyacente. "Luchemos contra la Mafia con el aceite", me ha dicho uno con una sonrisa. No lo he entendido, pero el aceite parecía extraordinario (aunque no suelo tomar pan con aceite después de un café).
También había una representación de una especie de sainete siciliano. La verdad es que hablaban un dialecto incomprensible para mí.
Aunque no salga en las fotos, el paseo ha estado amenizado por el sol, ese sol suave, alegre, simpático y vital que "lleva por los cielos noticia de su Autor".
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Lo que más le "duele" a Dios no son nuestros pecados. Por grandes que sean o hayan sido.
Dios no tiene miedo a nuestros pecados. Él hizo el Universo. Y ofreció el perdón a Judas. Y a Pedro.
Lo que más le "duele" a Dios es que no creamos del todo en su perdón.
Que no creamos que el sacramento de la reconciliación nos renueva.
Que no creamos que él lo hace todo nuevo.
Que no creamos, en fin, que la culpa ha sido una CULPA FELIZ, porque ha merecido un gran Redentor.
Que no acabemos de fiarnos de él.
Ni de sus sacramentos.
Ni de la Iglesia.
Porque la santidad es la confianza en Dios.
Y porque los hijos se fían de su Padre.
Entonces, el joven vestido de blanco les dijo a aquellas mujeres, a aquellas tres pobres mujeres:
"No está aquí. Id a decirles a los discípulos y a Pedro -sí, a los mismos discípulos que le abandonaron, y al mismo Pedro que aún llora su cobardía y su mentira- que vayan a Galilea. No buscará a otros nuevos discípulos. Quiere a los mismos que fracasaron. Les quiere justamente a ellos.
Que vayan a Galilea.
Y en Galilea le verán".
Es necesario que en Internet haya un espacio para Cristo. De lo contrario, tampoco habrá lugar para el hombre.