La libertad es uno de los mayores y más desconcertantes dones de Dios. Él se ha fiado mucho de nosotros, capaces como somos de ejercer nuestra libertad incluso para perderla. Eso es, entre otras cosas, el pecado: un acto libre por el que decidimos someternos a realidades que no lo valen. Al pecar empleamos nuestra libertad para ser esclavos.

El pueblo de Israel necesitó cuarenta años de vagar por el desierto para descubrir que era libre, tan interiorizada tenía la esclavitud. Salió de Egipto pero su corazón era como el de un esclavo.

La cuaresma es el minidesierto que la Iglesia nos invita a hacer presente para descubrir que no tenemos porqué vivir como esclavos, ya que Cristo nos ha ganado la libertad. No somos esclavos, para recaer en el temor (a no tener todo el dinero que deseamos, a perdernos un placer, a que no se nos tenga en cuenta o no se nos considere útiles…). Para ser libres nos ha liberado Cristo.

Es una buena oración Cuaresmal:

¡¡Libéranos!!

¡¡Libéranos de nuestra mentalidad de esclavos!!

(En el vídeo, "Deliver us", "Libéranos", para los que prefieran hablar con Dios en Inglés).


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