Ahora que se ha acabado este paréntesis electoral, estoy contento.
Estoy contento porque he votado en conciencia. Me he informado de los programas de los partidos, tanto los grandes como los pequeños. Los he valorado desde los criterios cristianos. Y he votado en consecuencia. Nadie me pedía que arreglara el mundo. Sólo se me pedía que yo intentara cumplir la voluntad de Dios en mi pequeño espacio.
Me parece que esta etapa que empieza ahora puede ser estupenda en muchos sentidos. Dios es quien guía la historia, así que se impone pensar qué cosas quiere el Señor indicarnos a los cristianos con este nuevo tiempo de gobierno de ZP.
No tengo una bola de cristal, ni tampoco soy el oráculo de Yahveh. Pero, si se consideran sin partidismos estos últimos cuatro años, creo que puede decirse que han sido muy positivos para la Iglesia en España. Se podrían señalar muchas cosas estupendas acerca de lo que nos ha pasado, pero me parece que la más importante ha sido el despertar de los fieles laicos y de los obispos. El asociacionismo católico, la preparación y fortalecimiento de los lobbies católicos y el creciente valor que adquieren los seglares en la difusión militante de los valores cristianos me parecen algunos de los logros más importantes.
Hace unos días un dirigente político se quejaba de la creciente influencia de la Iglesia Católica en la sociedad. Era uno de esos que piensan que la Iglesia sólo puede hablar en los templos. Evidentemente era un antidemócrata que no sabía cómo funcionan las sociedades democráticas. Los cristianos estamos aprendiendo que somos ciudadanos de pleno derecho, y que podemos manifestar nuestras ideas y presionar democráticamente para que las leyes las respeten. Hay que abandonar los complejos y las ilusiones: nadie va a defender nuestros proyectos por nosotros: ni el PSOE ni el PP. Los cristianos deben abandonar la comodidad burguesa que les ha marcado hasta ahora. Con frecuencia se han refugiado tras los obispos. Todo ese tiempo ha acabado. Se necesitan cristianos sin complejos, libres de ataduras partidistas, cristianos con la cara dura para jugar el juego democrático: cristianos que firmen, que difundan, que estudien, que expresen, que se relacionen…
Estos años de ataques laicistas están consiguiendo que la Bella Durmiente reaccione. Algunos se están dando cuenta ya.
Se acabó el sueño de los cabestros: hay que ponerse en pie y seguir trabajando para que en las próximas elecciones, los cristianos podamos tener algún partido más cercano a nuestras posturas en torno al respeto a la vida, desde el inicio hasta el fin natural, a la libertad, a la familia, a la educación de los hijos… Son todos ellos valores innegociables. Ni el PSOE ni el PP los han respetado hasta ahora. Comienza una etapa y es necesario manifestar a los grandes partidos que nosotros no podemos modificar nuestros principios para atraer ningún voto. Somos contrarios al aborto, nos secunde la gente o no. Defendemos el valor de la vida de un anciano tanto si nos aplauden como si nos denigran. Se acabó el escudarse en la teoría del mal menor. Ahora es tiempo de evitar que la única alternativa al mal sea el mal menor.
La Iglesia española está aprendiendo a defender y propagar el Evangelio en una democracia que algunos quieren paganizar.
Como en la antigua Roma, no faltarán los desprecios, los insultos, las manipulaciones, las traiciones, los martirios.
Como en la antigua Roma, estad seguros de que no faltará el entusiasmo.
Es una etapa emocionante.
Es un buen motivo para estar contento.