Oratorio de Cuaresma con Péguy
Anoche estuvimos en un oratorio organizado por los filipenses en la Chiesa Nuova. Se trataba de una oración que combinaba algunas piezas de Vivaldi con unos textos de "El misterio de la caridad de Juana de Arco" de Charles Péguy.
Como véis, el templo estaba lleno, a pesar de que llovía bastante.
Charles Péguy era un católico en situación irregular: se había casado por lo civil con una mujer atea. Ambos eran socialistas. Cuando Péguy volvió a la Iglesia no pudo participar de la vida sacramental por su situación matrimonial. Deseaba con todo su corazón que sus seres queridos compartiesen aquella nueva vida que le brotaba en el corazón. Deseaba casarse eclesiásticamente con su esposa, pero sabía que la conversión es "un trabajo de la gracia". La vuelta a la Iglesia, como bien sabía él, es una obra de la gracia.
Sus familiares no estaban tocados por aquella gracia y Péguy, fiel a su pacto de esposo y padre, se quedó con ellos, rezando y confiándolos a María, la mujer en cuya carne, de un modo conmovedor, el cristianismo ha nacido. Se quedó en el umbral, en la puerta de la Iglesia, sin poder acabar de entrar, sin quejarse, consciente de su situación.
"Soy un pecador", escribía, "no un santo. Los santos se reconocen inmediatamente. Soy un pecador. Un testigo. Un pecador que va a la misa dominical a la Parroquia, un pecador con los tesoros de la gracia divina".
Diez años después de su muerte, ocurrida en una de las primeras batallas de la I guerra mundial, su mujer recibió el bautismo. Después se bautizaron sus cuatro hijos, los tres que él conoció y el que nació tras su muerte.
Había pedido largamente para ellos la acción de la gracia, con la confianza y la audacia de quien ha experimentado la obra de Dios. En el "Pórtico de la segunda virtud" había escrito que, igual que se ponen tres niños en los brazos de su madre, como para jugar, y ella se ríe y protesta porque son demasiados, así había puesto a sus propios hijos en los brazos de María, aquella que se había hecho cargo de los dolores del mundo.
Ayer escuchamos unos textos de Péguy que hablan de la Pasión. Lo hace de una forma desgarradora, intensa, enternecedora. Quizá sean así porque así era su experiencia de la gracia.
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