Por el interés te quiero, Andrés.
Me dicen que X ha estado llamando varias veces los últimos días. No ha podido hablar conmigo porque me he descuidado con la batería del móvil. Pregunto al emisario, y me dice que X quería tomarse un cafetito conmigo. O cenar. O algo así.
"Qué honor", me digo. No pensaba que nuestra amistad hubiera progresado tanto.
La verdad es que me siento halagado. La última vez que charlamos - un encuentro propiciado por amigos comunes- desplegué todo mi ingenio. Uno es así de afectivo… Con tal de que me miren con simpatía, soy capaz, a veces, de contar todos los chistes del mundo o de discutir lo indiscutible.
Cuando por fin, y por casualidad, me encuentro con X, me da un gran abrazo. Me disculpo por lo de la batería (así, de paso, le sugiero que me diga para qué me buscaba).
"Nada", me dice , "es que tengo un problemilla…".
"Mmmm", me digo.
"Quien comienza a ser amigo por interés, también por interés dejará de serlo" , dijo Séneca.
¿Me fío de Séneca, y me voy a tomar el cafetito por mi cuenta?
¿Me dejo tomar el pelo, pago yo el café, y le dejo que me cuente "el problemilla"?. (Esta creo que es la opción cristiana)