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Sin clasificación 13 March, 2008 11:27 pm

Por el interés te quiero, Andrés.

Me dicen que X ha estado llamando varias veces los últimos días. No ha podido hablar conmigo porque me he descuidado con la batería del móvil. Pregunto al emisario, y me dice que X quería tomarse un cafetito conmigo. O cenar. O algo así.

"Qué honor", me digo. No pensaba que nuestra amistad hubiera progresado tanto.

La verdad es que me siento halagado. La última vez que charlamos - un encuentro propiciado por amigos comunes- desplegué todo mi ingenio. Uno es así de afectivo… Con tal de que me miren con simpatía, soy capaz, a veces, de contar todos los chistes del mundo o de discutir lo indiscutible.

Cuando por fin, y por casualidad, me encuentro con X, me da un gran abrazo. Me disculpo por lo de la batería (así, de paso, le sugiero que me diga para qué me buscaba).

"Nada", me dice , "es que tengo un problemilla…".

"Mmmm", me digo.

"Quien comienza a ser amigo por interés, también por interés dejará de serlo" , dijo Séneca.

 

¿Me fío de Séneca, y me voy a tomar el cafetito por mi cuenta?

¿Me dejo tomar el pelo, pago yo el café, y le dejo que me cuente "el problemilla"?. (Esta creo que es la opción cristiana)

 

 

 

Sin clasificación 12:02 am

Gastar la vida

Ha muerto Luigi Bencetti, 75 años, padre y abuelo de varios amigos míos.

Luigi hubiera podido tener uno o dos hijos, y disfrutar de mayor libertad y de mayor tranquilidad y - ¿por qué no decirlo?- de más dinero. Pero tuvo siete hijos

Hubiera podido dedicarse a su -buen- trabajo, y volver a casa por las tardes a descansar. Pero decidió trabajar ayudando a la Cruz Roja, a los Focolares, etc…

Hubiera podido conformarse con criar a sus hijos correctamente, que no era poco. Pero decidió implicarse más en las tareas de la evangelización y, con 50 años y el permiso de su mujer, recibió el diaconado y se entregó intensamente al servicio de las parroquias de Roma.

Hubiera podido aprovechar la paz y el sosiego de la jubilación, disfrutando de una tribu de nietos. Pero a los 68 años se marchó, con su esposa Isabella a los poblados de chabolas de Perú, a vivir entre los cartones para anunciar el evangelio a los más pobres.

Ha muerto Luigi Bencetti, 75 años, esposo, padre, abuelo, diácono, misionero.

Hubiera podido haber hecho, en fin, muchas otras cosas, y haber "disfrutado" más de la vida.

Pero no sé si hubiera podido gastar su tiempo  y sus energías de una forma más hermosa.

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