A las once de la mañana ha empezado la Misa Crismal.
Los presbíteros de la diócesis (los que han podido venir) nos hemos reunido con los obispos para esta celebración tan especial.
En la homilia, el Obispo se ha disculpado por no haber podido paliar mejor la soledad de tantos presbíteros, pero ha recordado que el mejor paliativo es la contemplación de la Pasión de Cristo
Después de la homilia, los presbíteros y obispos renovamos las promesas que hicimos el día de nuestra ordenación. Es un momento muy significativo.
Echando la vista atrás, no he dejado de pensar una cosa:
¡Señor, nos pusiste a pilotar una nave espacial, y nosotros ni siquiera sabiamos llevar nuestras cometas! Se nos caían siempre al suelo.
¿Quién estaba más loco?
¿Nosotros, que nos atrevimos a subir, o tú, que te fiaste?
Durante la celebración de la Eucaristía se preparán los óleos:
-el de enfermos, para celebrar la Unción.
-el de catecúmenos, para el Bautismo.
-El Santo Crisma, para el Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal
Este último se confecciona mezclando con el aceite un perfume:
Y soplando sobre él:
Y se hace una imposición de las manos, y una oración.
Me quedo pensando:
Los cristianos nacemos del barro.
Y de una Palabra.
Y de un Soplo.
Y de un Perfume.
En Valencia tenemos la suerte de conservar y venerar el Santo Cáliz, el mismo que Jesús empleó en la Última Cena. Poderlo contemplar el Jueves Santo es un gran regalo.
El que se emplea para esta Eucaristía es una réplica. El original se le cayó a un canónigo mientras lo guardaba el Viernes Santo de hace cincuenta años, y se le saltó una esquirla. Desde entonces, sólo celebran con el Cáliz los papas (Juan Pablo II y Benedicto XVI).
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