La esperanzada espera de un estremecimiento.
Vivimos inmersos en la cadena del mal.
Sufrimos. Buscamos un culpable, real o imaginario. Le hacemos pagar por nuestro sufrimiento. Transmitimos el mal que recibimos. Los otros hacen lo mismo. Es una cadena sin fin. Cada vez más mal. Cada vez más culpables.
Cuando alguien te pasa un billete falso puedes hacer básicamente dos cosas:
-Se lo pasas con disimulo a otra persona. A fin de cuentas, te han hecho una injusticia: "pasársela a otro" no está mal.
-O bien te lo quedas. Con lo cual no transmites la injusticia ni el mal. Has librado a otro (o a sucesivos otros) de sufrir. Pero eres unos cuantos euros más pobre.
Cristo se ha ido quedando con los billetes falsos del mundo. Le hemos pasado todas las injusticias. Todos nuestros males han caído sobre él. Y él no los ha pasado.
Por eso es el Infinitamente Pobre.
Misterio del Viernes Santo.
Powered by Qumana
Es necesario que en Internet haya un espacio para Cristo. De lo contrario, tampoco habrá lugar para el hombre.