Lo que más le "duele" a Dios no son nuestros pecados. Por grandes que sean o hayan sido.

Dios no tiene miedo a nuestros pecados. Él hizo el Universo. Y ofreció el perdón a Judas. Y a Pedro.

Lo que más le "duele" a Dios es que no creamos del todo en su perdón.

Que no creamos que el sacramento de la reconciliación nos renueva.

Que no creamos que él lo hace todo nuevo.

Que no creamos, en fin, que la culpa ha sido una CULPA FELIZ, porque ha merecido un gran Redentor.

Que no acabemos de fiarnos de él.

Ni de sus sacramentos.

Ni de la Iglesia.

Porque la santidad es la confianza en Dios.

Y porque los hijos se fían de su Padre.