¿Es un pecado desperdiciar el sol romano del principio de la primavera? Dice la tradición hebrea que "de cualquier placer lícito que no disfrutéis daréis cuentas a Dios".

Me dispongo a obedecer esta indicación del Talmud, que pretende que valoremos y disfrutemos de la Creación. Sería una descortesía si no supiéramos agradecer a Dios este mundo tan estupendo que nos ha preparado.

Salgo a la plaza y me encuentro con un stand de "Dopo di noi", una asociación de familiares de discapacitados que mantiene diversos proyectos destinados al cuidado de los discapacitados psiquícos y físicos que quedan huérfanos.

Me acerco a uno de los paneles, el que cuenta los orígenes de la organización. Descubro sin sorpresa que la iniciativa ha sido impulsada y sostenida por la Iglesia. No hay más ciego que el que no quiere ver.

En la plaza de al lado hay una feria. Son un grupo de sicilianos que están hasta el moño de la Mafia.

Han puesto unas "paraetas" con comida típicamente siciliana y, mientras dan a probar el aceite o venden un poco de miel o unos paños de cocina, explican a quien quiera escuchar los desastres que les está causando la Mafia y la cultureta extorsionadora adyacente. "Luchemos contra la Mafia con el aceite", me ha dicho uno con una sonrisa. No lo he entendido, pero el aceite parecía extraordinario (aunque no suelo tomar pan con aceite después de un café).

También había una representación de una especie de sainete siciliano. La verdad es que hablaban un dialecto incomprensible para mí.

Aunque no salga en las fotos, el paseo ha estado amenizado por el sol, ese sol suave, alegre, simpático y vital que "lleva por los cielos noticia de su Autor".

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