Acabo de sobrevivir a una catástrofe informática que me ha tenido ocupado lejos de este blog varios días.

Ya está (casi) todo en su sitio.

Es un momento curioso, ese que va después de la instalación del sistema operativo desde 0. Te encuentras con un ordenador nuevecito, limpito, ordenadito. Parece que dan más ganas de mantener cada archivo en su sitio.

Para estrenar el sistema me he puesto a estudiar la historia de la destrucción (impresionante) del Templo de Jerusalén, ocurrida el año 70.

Uno de los autores que he leído afirmaba que el Templo de Jerusalén se había ido convirtiendo en un obstáculo para los planes de Dios para su pueblo. Ya en tiempos del Primer Templo, Jeremías se preguntaba si acaso el Templo era una cueva de ladrones, ya que la gente estafaba todo lo que podía al vecino y después se iba a rezar creyendo que la religión era un refugio.

Con el Segundo Templo, el que Herodes en Grande embelleció sobremanera, parece que había ocurrido lo mismo. Mucho rezar con la boca, pero mucho impedir que los no judíos se acercaran a rezar al Templo. No era esa la relación que Dios quería tener con su pueblo. El Templo y lo que significaba era un estorbo.

No he podido evitar pensar en nuestros maravillosos y abundantísimos templos, y en todos aquellos católicos que, en los países anticristianos, sin templos, ni procesiones, ni prebendas, ni ventajas sociales, van manteniendo encendida la llama de la fe. He pensado en Corea, cuyo número de cristianos crece a ojos vista. Y en los católicos chinos. Y en los exmusulmanes criptocristianos, que viven escondidos en Italia, España, Francia…

¿Se ha convertido nuestro modo de vivir la fe, con sus automatismos, con sus contaminaciones paganas y supersticiosas, con sus magias bautizadas, en una cueva de ladrones? ¿Está impidiendo nuestra forma comodona de vivir la fe que el Evangelio resplandezca como en tiempos de Cecilia, de Águeda, de Vicente, Perpétua y Felicidad, de Lorenzo y de tantos otros?

¿Nos dejaremos llevar tanto por el sopor que sea necesaria una nueva "destrucción del Templo" para que, como me ha ocurrido con el ordenador, recuperemos la ilusión de "volver (casi) a empezar?

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