Voy hacia la Gregoriana, pensando qué voy a hacer de especial un día como hoy para celebrar el Corazón de Jesús.
Giro una esquina y veo a un seminarista que conozco, altísimo, con gafas de sol a las 8 y media de la mañana. Se está inclinando hacia una ancianita pequeñísima que está sentada en el suelo, sujetando una taza en la mano. El seminarista pone algo dentro y se yergue sonriendo. Pasa por mi lado, y me saluda.
Cuando paso junto a la anciana, la encuentro sacando un fajo de billetes de cinco euros de la taza. Seguro que está sonriendo.
En secretaría me espera la primera aprobación del tema de la tesis. Me dan esa alegría después de pagar un montón de euros.
Por la tarde, en el confesionario, el cura me pregunta si conozco la "Coroncina de la Divina Misericordia". Le digo que no, imaginando la que me espera. Acierto. Me pasa una estampita con la Coroncina. Se reza con el Rosario, y se repite muchas veces "Por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero". Pues qué bien. Otra oración que me sé. Cuando acabo, me leo las promesas que ha hecho, por lo visto, el mismísimo Corazón de Jesús, a quien rece la Coroncina. Debo ser un racionalista, pero me dan ganas de decirle a Jesús, "Ya lo hubieras podido decir antes, y así saldría en los Evangelios y no nos costaría tanto creer estas cosas".
Mensaje de móvil: Bancaja me informa que la operación de la mañana (pagada con Visa) me ha generado un montón de puntos, y que puedo consultar el catálogo de premios.
Me llama mi amigo T. Se siente como el hijo que se fue y volvió por una historia que no contaré. Está contentísimo. Yo también, claro. Siempre es estupendo encontrarse con el amor del Padre del Cielo, o con alguna de sus sucursales de la tierra.
Cuando acabamos el rosario, le pregunto a Vassilios (el ortodoxo), si ellos también celebran el Corazón de Jesús. Me mira extrañado, y me dice: "¿Qué es eso del Corazón de Jesús?. Los católicos hacéis demasiada kakodoxia". Quizá tiene un poco de razón, pero estoy contento de ser católico.
Marc, el austríaco, durante la cena, insiste en que le cuente las barbaridades que está haciendo el gobierno español con la educación de los niños. Conseguimos cenar amigablemente, sin discutir sobre la misa en latín.
Es de noche mientras escribo esto. Ha sido un buen día. Mejor que el que yo había pensado. El Señor tiene mucha imaginación.