El alcalde de Roma, Alemanno,  (recién elegido),  ha sido invitado a participar en el Gay Pride de Roma.

La noticia es que se ha negado y, además, ha declarado: "No all’esibizionismo. E’ offensivo."

La leonera progre se ha revelado-rebelado, como era de esperar. No hay nada como decirle al emperador que está desnudo. Con la excusa de reivindicar presuntos derechos sociales, el Gay Pride de Roma no es más que una celebración que justifica las exhibiciones más zafias de los extremos a los que puede llegar el hombre dejado a sus propios imstintos. Todos lo saben, pero no se atreve a decirlo casi nadie.

Y eso que el Gay Pride es una procesión de ursulinas (como diría César Vidal) al lado de lo que se hace en España.

¿Para cuando algún político español se atreverá a denunciar que los adultos no pueden ir semidesnudos por las calles, ni el día del Orgullo Gay, ni ningún otro?

La frase de Alemanno que ha abierto la caja de truenos ha sido: "El problema no es: homosexual sí, homosexual no. EL problema es : exhibicionismo sexual sí, exhibicionismo sexual no". Y ha añadido, tras pedir respeto para las personas homosexuales: "el gay Pride es un hecho de exhibicionismo sexual  y yo soy contrario al eshibicionismo sexual, sea homosexual, sea heterosexual. A mí no me gusta esta forma un poco agresiva y no positiva ni siquiera para quien se manifiesta".

Los colectivos se han defendido hablando de la lucha por los derechos, la igualdad etc… como si eso tuvieran que defenderlo paseándose semidesnudos o disfrazados de cardenales y de monjas borrachas.

Algunos amenazan con celebrar el Gay Pride vestidos con chaqueta y corbata.

Pues esperemos que así sea.

Lo que está claro es que no han podido hacer frente al argumento de Alemanno, porque éste ha puesto el dedo en la llaga. Puede que sea un dedo un podo feo, pero lo importante es que ha hecho que la sociedad italiana mire (y reflexione) acerca de la llaga.

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