El domingo se celebraba la solemnidad de Pentecostés. Pero, además, como era el segundo domingo de Mayo, se celebraba en la diócesis de Valencia (España) la fiesta de la patrona, la Virgen de los Desamparados.

No sé cómo habrán arreglado el tema litúrgico porque, de las dos fiestas, la que tiene prevalencia legalmente es Pentecostés, pero la que prevalece socialmente es la de la Virgen. Supongo que los curas más legalistas habrán celebrado sólo el Espíritu Santo, que los más cutres habrán celebrado sólo a la Virgen, y que la mayoría habrán tirado por el camino de enmedio, y aprovechando que San José era carpintero y hacía confesionarios… La verdad es que un buen predicador es capaz de casar los temas más dispares.

En Roma ha sido más fácil:

Por la mañana, laudes solemnes de Pentecostés.

Por la tarde, misa solemne de la Virgen de los Desamparados en la capilla que las Hermanitas de los ancianos desamparados tienen en Roma. Los curas lo hemos cantado todo, en latín y a cuatro voces. Las hermanitas han estado, como siempre, muy solícitas y contentas de tenernos allí.

Lo mejor de la merienda posterior a la misa ha sido una maravillosa tortilla de patatas y las folias canarias que ha cantado una de las hermanitas.

Y aprovechando que San José era carpintero, pues os invito a rezar para que las hermanitas puedan irse a una casa que están comprando. Ahora viven en un chalet adaptado, y la verdad es que no reúne las condiciones que merecen los ancianos. La gestión de la casa nueva está en marcha, pero todo será mejor si rezamos un poco.

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