Al Camino Neocatecumenal le han dado por la izquierda y por la derecha.

Los progrecatólicos, porque no soportan la fidelidad al Evangelio interpretado según el Magisterio, en comunión con el Papa.

Los consercatólicos, porque, si los sacas de la espiritualidad de la partícula, se sienten perdidos y sólo ven transgresiones y herejías.

Hasta algún que otro capitoste se ha dedicado a poner zancadillas. Porque algunos creen que para triunfar en la Iglesia hay que ser un poco carca, o parecerlo.

Mientras tanto, Europa vomita el cristianismo.

Los católicos brasileños se pasan a las sectas protestantes a millares.

Surgen ciudades enteras sin una sola parroquia.

China por evangelizar. La India, también.

África, a medias. 

Arabia, islámica. 

100.000 abortos en España, el año pasado. 

Y no sigo. 

El mundo necesita a Jesucristo. Y lo necesita ya. Y es necesario que sea anunciado "con nuevo vigor, con nuevo lenguaje, con nuevos métodos". Este no es momento para medirnos las filacterias del manto, sino para animarnos unos a otros en el seguimiento de Cristo. Subir al Calvario ya es bastante difícil. Hacerlo acompañando a los más débiles, ya es bastante duro. Pero que encima te meta el dedo en el ojo quien tendría que ser tu hermano, porque cree que tienes que llevar el rimmel bien puesto…Eso ya no tiene nombre.

Bienhallados sean todos en el anuncio del Evangelio.

Los Legionarios. Los del Opus. Los de la Acción Católica. Los de san Egidio. Los de CL. Los de las Bienaventuranzas. Los de la Renovación Carismática. Los de misa de doce. Los de Pablo y los de Pedro. Las clavariesas de la Virgen del Consuelo. La hermandad del Rocío. Los jesuítas, franciscanos, terciarios, capuchinos, mínimos, filipensenes, dominicos, sanjuanistas… Clarisas de Lerma y Hermanitas del Cordero. Hermanitas de los Ancianos Desamparados, Hijas de la Caridad… Casados, solteras, curas, monjas y obispos…

Ningún hombro es innecesario. Ninguno está de más.

Los que sólo saben poner pegas y lamentarse, que se queden en casa rezando el rosario, y que dejen de minarnos la moral. Los que añoran tiempos pasados, que se dediquen a ver Ben Hur y los Diez Mandamientos y la Casa de la Pradera. Los que tengan el síndrome de "conmigo empieza la Iglesia" que se lean a Santa Catalina de Siena. Callar y rezar quizá sea su  mejor servicio. Y que dejen a los demás evangelizar en paz.

Hoy estoy -moderadamente- contento. La Iglesia ni empieza ni termina con el Camino Neocatecumenal. Ni es lo mejor, ni es lo único. Pero la Iglesia ya ha confirmado que es un modo plenamente eclesial de evangelizar.