Recuerdo, como si hubiera sido ayer, aquella clase en que la maestra nos explicó el poder del agua. Gota a gota se van haciendo las estalactitas. Gota tras gota se van perforando las cuevas. Un goteo continuo, a la larga, puede tener más consecuencias que una ola enorme.

Ayer recibí un correo de Q en el que, tras ponerme al día del estado de la gestación de su esposa, me avisaba de un lamentable artículo que había aparecido en El País. Pero, y esto es lo que me llenó de esperanza, antes de acabar su correo Q me recordaba una larga lista de empresas de los mismos propietarios que El País, y me animaba a no consumir ninguno de sus productos. Más aún: me recomendaba una serie de empresas alternativas de prensa, radio y televisión que, por el momento, mantienen cierto respeto hacia la Iglesia. Era el correo de un perfecto lobbista.

Cuando empezaron los de HazteOir.org, hace ya diez años, casi nadie los conocía. Ni a los de E-cristians. Ni a los de Forum Libertas. Lo de las campañas de envío de emails, lo de las protestas por correo o teléfono como medio de participación en la vida pública parecía de ciencia ficción. El cristiano español medio era un ser adormilado, panzudo, desinformado, que delegaba en los otros la defensa de las ideas en las que, más o menos, aún creía: era el tipo de cristiano adocenado que prefieren los partidos políticos.

Hoy parece que la cosa está cambiando. Hasta los obispos se están dando cuenta de la importancia del asociacionismo católico y de los lobbies para defender la posibilidad del anuncio del Evangelio en nuestra sociedad. El parlamento europeo está llevando adelante a marchas forzadas una agenda contraria absolutamente al pensamiento cristiano. Y si no nos defendemos ahora se va a perder mucho.

Es el momento de moverse. Millones de insignificantes gotitas persistentes son una fuerza imparable. Y ya están dando fruto.

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