Algunos intentan marear al personal con lo de la extensión de derechos. Se pretende eliminar los símbolos religiosos (católicos) del espacio público. Fuera las cruces de todas partes.

Pero lo que hace falta no es mover las cruces, sino ayudar a llevarlas. No necesitamos olvidar el amor que llevó a Jesús a morir en la cruz, sino aprender a llevar los unos las cruces de los otros. De eso, de la cruz de la soledad, de la enfermedad, de la vejez o de la pobreza, es de lo que algunos no quieren hablar.

Pero de eso, y no sólo de los crucifijos del consejo de ministros, es de lo que nos toca hablar a los cristianos. Lo dice mejor que yo Jesús Sanz, obispo de Jaca y Huesca.

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