Hoy he salido a pasear con la bici por el pueblito (100.000 personas) alemán donde estoy. Y me he encontrado con esto:

der Kreuz

Viene a decir: "Daos unos a otros un signo de paz y de reconciliación".

Ya veis. Otra lección de Alemania, una sociedad donde se ha aprendido a respetar las diferentes religiones o ateísmos. Y donde se ha conseguido ese respeto, a diferencia de España, no mediante la exclusión del hecho religioso de la esfera pública, sino mediante la cultura, y el diálogo fructífero.

La pluralidad religiosa o atea de Alemania es muy superior a la española, se mire por donde se mire. Y el respeto al diferente está a años luz de lo que ocurre en España, donde se pretende establecer desde el Estado una moral pública que se proclama neutra, standard o cívica, y donde el cristiano, para ser considerado ciudadano, debe renunciar a la manifestación social de su fe. Es un intento que resultará, al final, a lo mejor, estéril, y, a lo peor, violento.

Cierto que la cultura democrática alemana está a años-luz de nuestra pseudodemocracia, pero, además de eso, me parece que habría que revisar, entre otras, dos cosas:

1.-La relación de los católicos con el espacio público. En España se dan los dos extremos. Por un lado el del católico que se siente cómodo con la proyectada expulsión de la fe del ámbito público y no hace nada para impedirla, retirándose averonzado a la penumbra de las sacristías. Está también la actitud del católico que aún se considera el único legítimo organizador de la expresión religiosa pública, con una evidente falta de respeto respecto a otras religiones (consideradas foráneas) o, incluso, respecto a quienes, desde su libertad de conciencia, se proclaman ateos.

2.-La calidad de la enseñanza. No hay mejor modo de preparar un fanático, religioso o ateo, que dándole una educación mermada y sesgada. No creo que el auge del nacionalismo o del anticlericalismo sean independientes de la catastrófica situación del sistema educativo español. Anticlericales violentos, nacionalistas excluyentes e incipientes xenófobos han sido educados en las faldas de la Logse y de Sardá.

¿Es iluso soñar que un día puedan colocarse en las calles españolas cruces como ésta, que invitan a la reconciliación mútua, sin que un grafitero o un político las ensucien con sus graftis o sus declaraciones antisociales?

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