87 céntimos.

87 miserables céntimos pagados con un montón de moneditas. Eso es lo que hapagado el señor que iba delante de mí en la cola del supermercado. Con 87 miserables céntimos se ha llevado tres latas de cerveza.

A la puerta le esperaba una alcohólica de 40 kilos que casi no se tenía en pie. Ambos se han ido cogidos del brazo.

No he podido evitar pensar en tí, Señor.

Aún te necesitamos tanto…

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