No es difícil enumerar las muchas virtudes del deporte.

Pero cuando esta excelente actividad humana acaba regulada por intereses poco claros, los resultados son devastadores.

Ayer murieron en un accidente aéreo, en España, 153 personas. Entre ellas había 19 niños menores de 12 años.

Unas horas después se disputó el partido España-Dinamarca. Los organizadores no permitieron ni siquiera que se cambiara de fecha. Pusieron a los jugadores un crespón negro para lavar su conciencia.

El COI impidió que la bandera española ondeara a media asta en Pekín. Tampoco permitió que los atletas llevarán ningún signo externo de luto.

Son actitudes que chocan directamente con la grandeza del deporte. Son, simplemente, inhumanas. Y merecen que demos la espalda a los patrocinadores que las han permitido. Hay que darles donde más les duele. En el bolsillo. Basta con cambiar de canal.

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