Estoy escuchando la COPE (la emisora de radio que la Conferencia Episcopal Española controla en gran parte, por lo que se le supone un ideario cristiano o, al menos, respetuoso con el cristianismo)

Son las 11 (o así) de la mañana. El programa es de esos llamados "rosa" o del "cuore". Hablan unas cuatro tertulianas y un señor afeminado de esos que van dando por ahí lecciones de elegancia, de moral, y de lo que se preste con la única condición de ser histriónicos y pseudotransgresores. Las "periodistas" no son mejores. Parecen unas beatas renegadas metidas a alcahuetas trasnochadas y maripijas. El programa es un asco rebozado en ideología pseudo conservadora. En un momento dado se escandalizan -dando grititos de asombro- del maquillaje y de la vida privada de una de esas pobres "señoritas" que viven de contar con quién se acuestan. Una de las tertulianas, para ser ecuánime, alaba la valentía de la tal fulana por haber proclamado a los cuatro vientos que se ha quedado preñada por fecundación artificial. Por supuesto, los-las demás xoinciden en admirar la valentía de decir en voz alta lo que muchos callan. Además, la pobre ha sufrido mucho para tener un niño y ahora está hecha una madraza, sentencian las del sanedrín radiofónico.

Hasta aquí hemos llegado. Que en la emisora "de los obispos" se justifique la fecundación in vitro después de juzgar despiadadamente a una profesional del "cuore"- que probablemente sea semianalfabeta, la pobre- es ya demasiado.

Hay quien dirá que es necesario consentir ese tipo de programas para garantizar la viabilidad económica de la emisora. Pero eso sería como admitir la legitimidad de alquilar el claustro de un convento para realizar una "love parade". Ridículo, hipócrita y contraproducente.

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