La Madre Teresa de Calcuta no recibió la llamada para fundar la congregación de las Misioneras de la Caridad mientras rezaba ante el Santísimo. Tampoco fue en un templo u oratorio. Dios la llamó mientras viajaba en un tren hacia el Himalaya.

Imaginaos. Iba en uno de esos trenes indios, que yo supongo atestados de gente, ruidosos, incómodos y traqueteantes.

Allí, entre el barullo, el corazón de la Madre Teresa estaba preparado para oír la voz de Dios. A la vista de eso, ¡qué importante parece mantener en lo profundo la oración incesante!. No sabemos ni dónde ni cuándo querrá hablarnos el Señor.

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