Hoy la jornada ha sido intensa, pero comprendiendo seis horas de autobús por unas autopistas estupendas (los turcos, o hacen carreteras de tierra o hacen autopistas: )

Hemos ido a Hattusha, la capital de los hititas. Se encuentra a unos 300 km al este de Ankara.

De la antigua ciudad, cuyo rey se consideraba hermano del faraón, han quedado cosas muy interesantes.

Entre ellas, la antigua puerta de los leones (Los leones son figuras divinas, como las esfinges, y miran hacia afuera de la ciudad para que el mal se mantenga alejado) (Es como eso de que "El Señor guarda tus entradas y salidas"). Las puertas de las ciudades eran algo muy importante: quien las conquistaba, conquistaba la ciudad.

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Más interesante ha sido una puerta que tenía 70 metros de largo. Parecía el tunel que (dicen) veremos después de la muerte.

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Aquí hay una fotito de las impresionantes murallas de Hattusha. A pesar de todo, la ciudad cayó, como caen todas las ciudades. (Y eso que los hititas tenían una arma impresionante: un carro con conductor y dos guerreros).

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Después hemos visto una cámara con supuestas finalidades religiosas: parece ser que era un pasadizo hacia el mundo subterráneo.

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Y al lado había una piscina de dimensiones olímpicas (el Phelps de la época pasó, con sus vanidades).

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Aquí está el Templo Número Uno, (había siete en la ciudad), dedicado a dos divinidades. Trabajaban en él alrdedor de 300 personas, entre sacerdotes, músicos, bailarines, artesanos fabricantes de simulacros, vendedores de imágenes, etc… Era, en fin todo un centro de culto. El Lourdes hitita, pero sin agua.

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Ah, y la primera biblioteca del mundo. Aquí están las salas:

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Después de una "frugal" colación, hemos ido al Santuario Rupestre de Yazilikaya. Se trata de un centro de culto que podría parecer una especie de cruce entre muchas de nuestras parroquias (con su multitud de imágenes) y el monasterio de Montserrat: pusieron las divinidades que conocían en fila, en bajorrelieves excavados en la roca. En el techo, la mejor bóveda del mundo: el cielo.

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Yo, ante tanto templo arruinado, he pensado en todos esos sacerdotes hititas preocupados por embellecer las paredes y los simulacros…Al final, lo más importante de lo que hicieron fueron sus oraciones y la ayuda que pudieron prestar a sus paisanos. Visitar los templos de la antigüedad ayuda a situar las obras de remodelación y embellecimiento de nuestros templos en una dimensión más adecuada.

De vuelta, Penna nos ha estado hablando de Pablo y de Jesús. Ha dicho cosas muy interesantes, pero me quedo con ésta: De Jesús no tenemos ningún testimonio personal: no escribió nada. De modo que no es posible un acceso a su persona "directo": todo lo que sabemos de él, lo sabemos porque nos lo han contado los testigos, es decir, los primeros cristianos. Así que eso de "Jesús sí, la Iglesia, no", se comprende como una estupidez. Sin la Iglesia, no podemos conocer a Jesús. Y es Dios mismo quien ha previsto esta posibilidad o imposibilidad. Jesús hubiera podido esccribir, como hizo Pablo o Lucas. Pero quiso dejar en manos de otros el testimonio de su persona. Este es el Dios humilde que nos enamora, ¿no?.

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