Sábado, 31 de Enero de 2009
Aquí os dejo el texto y la música de este precioso himno de la liturgia greco ortodoxa, con el que se prepara la Gran Entrada. Los de San Egidio lo han traducido y lo emplean en el ofertorio.
A mí me gusta especialmente la invitación a dejar de lado las preocupaciones mundanas para disponer el corazón a la venida del Señor.
Sacerdote: Y concédenos que amparados siempre por Tu poder, podamos darte gloria a Ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
Pueblo: Amén. Nosotros que místicamente representamos a los Querubines cantamos el himno tres veces santo a la Trinidad dadora de vida…
Cantor : Pongamos a un lado,
Pueblo : … las preocupaciones de esta vida para que podamos recibir al Rey de todos.
Sacerdote : Que el Señor Dios recuerde en Su reino a todos ustedes, ahora y siempre y por los siglos de los siglos
Pueblo : Amén. Invisiblemente escoltado por los ejércitos angélicos. Aleluya, Aleluya, Aleluya.
Mientras se canta el Himno de los Querubines, el sacerdote dice en voz baja:)
Sacerdote: Nadie que esté atado por los deseos y placeres mundanos es digno de acercarse y servirte a Ti, Rey de gloria. Servirte es imponente e impresionante hasta para los poderes celestiales. Pero por Tu inefable e inmenso amor por nosotros, Te hiciste hombre sin alteración o cambio. Tú eres nuestro Sumo Sacerdote y Señor de todos, y nos has confiado a nosotros la celebración de este sacrificio litúrgico sin derramamiento de sangre. Porque solo Tú, Señor y Dios nuestro, gobiernas sobre todas las cosas en el cielo y en la tierra. Tú estás sentado en el trono de los Querubines, eres Señor de los Serafines y el Rey de Israel. Solo Tú eres Santo y moras entre Tus santos. Solo Tú eres bueno y siempre estás dispuesto a escuchar. Por eso Te imploro que te fijes en mi, pecador e indigno siervo Tuyo, purifica mi alma y mi corazón de toda conciencia malvada. Concédeme que, lleno del poder de Tu Santo Espíritu y revestido de la gracia del sacerdocio, pueda celebrar sobre Tu santo Altar el misterio de Tu santo y puro Cuerpo y Tu preciosa Sangre. Ante Ti vengo con la cabeza agachada y suplico: no me retires Tu rostro ni me rechaces de entre tus hijos, sino concede que yo, pecador e indigno siervo Tuyo, sea digno de ofrecerte estos dones. Pues Tú, Cristo, Dios Nuestro, eres el Oferente y la Ofrenda, Aquel que recibes y eres distribuido, y a Ti damos gloria, junto con Tu Padre eterno y tu Santo Espíritu de bondad y dador de vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
(El sacerdote inciensa y recita en voz baja:)
Sacerdote: Nosotros que místicamente representamos a los Querubines cantamos el himno tres veces santo a la Trinidad dadora de vida. Pongamos a un lado las preocupaciones de esta vida de modo que podamos recibir al Rey de todo…
(En domingo:)
Habiendo contemplado la resurrección de Cristo, adoremos al santo Señor Jesús, el único Sin Pecado. Veneramos Tu cruz, oh Cristo, y alabamos y glorificamos Tu santa resurrección. Tú eres nuestro Dios. No conocemos a otro aparte de Ti e invocamos Tu Nombre. Todos los fieles, veneremos la santa resurrección de Cristo. Miren que por la cruz he venido una gran dicha al mundo. Bendiciendo siempre al Señor, alabemos Su resurrección. Pues soportando la cruzo por nosotros, Él destruyó a la muerte por la muerte.
(Sigue un fragmento del salmo 50)
(El sacerdote va a la Mesa de la Preparación y toma el diskos y el cáliz y realiza la Gran Entrada.)
(en alemán, la versión católica)
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