¿No debería dimitir alguien en el Vaticano por la pésima gestión que se ha hecho de todo el asunto de las desexcomuniones de los lebevbristas, incluyendo el tufo antisemita de algunos?
Williamson, el obispo recientemente desexcomulgado -pero que aún no está en comunión con la Iglesia- se ha disculpado por fin.
Dejo constancia de esa petición de perdón porque sé que la mayoría de los medios de comunicación que airearon el escándalo, no airearán la disculpa.
De todo se sacan cosas buenas. Gracias al bocazas de William, nos hemos interesado por saber quiénes son estos tipos de los manípulos.
Ahora ya sabemos que los lefebvristas no sólo son unos señores a quienes les costó aceptar la liturgia del CVII. Hay muuuucho más de fondo. Lo del negacionismo-reduccionismo de la Shoah es sólo una muestra del bizarro ambiente en que se gestó el cisma.
Pero bueno: pelillos a la mar.
Ahora que el Papa les ha abierto las puertas de casa a un muy alto costo, lo menos que podemos hacer nosotros es tenderles las manos.
(Como podéis figuraros, me he mordido mucho la lengua, pero es que estamos en Cuaresma, y hay comentarios que no tocan ahora. La conversión es como el rascar: todo es empezar)
Os dejo un vídeo de un intento de entrevista a William cuando salía de Argentina (le echaron del país). Es el de la gorra y las gafas de Top Gun.
Esta es una foto de Monseñor Dolan, el nuevo arzobispo de New York.
Hace unos meses estuvimos hablando aquí de la Iglesia delgada. Esta foto es una muestra de lo que quería decir. Un Obispo encasullado llevando en brazos un niño.
Me parece tan sencillo, antiprotocolario y paternal…
Ninguno enciende una vela para después esconderla, sino para ponerla en el candelabro y que alumbre a todos.
Un grupo de escolapios lleva años (re)descubriendo un sorprendente misterio: la maravillosa capacidad de los niños para la oración contemplativa. Ninguna cosa que se pueda decir al respecto hace justicia a la realidad de esos encuentros de oración en que los niños pequeños se acercan a Jesús.
Se trata de una experiencia que se está difundiendo desde los colegios de escolapios del Levante español y desde algunas parroquias que están asumiendo esta "nueva" realidad como parte integral de la educación en la fe de los niños. Aún no son muchos los lugares donde los pequeños pueden disfrutar de este don, pero cada vez son más quienes lo conocen y lo dan a conocer.
Aquí os dejo un enlace a una entrevista con Gonzalo Carbó, el presbítero que conoce este oratorio desde sus orígenes.
Si en vuestra parroquia o colegio no conocen esto, podéis pedir a los responsables que se informen y que espabilen.
A la Iglesia no paran de salirle brotes, y éste es uno de los más asombrosos que hemos conocido. A los escolapios no les está resultando fácil llevarlo adelante, porque si el grano de trigo no muere, no puede dar fruto.
Pero el oratorio de niños pequeños bien vale la Escuela Pía.
La izquierda italiana está revolucionada por la reciente dimisión de Veltroni, su líder nacional. Va de capa caída desde hace ya bastante tiempo. (Debe estar mal la cosa, porque quien les está venciendo es Berlusconi).
Así que algunos han aprovechado este sábado (buen solete) para reunirse en torno a uno de esos temas que aglutinan a las buenas familias: la muerte.
Con el caso de Eluana coleando, los defensores del derecho a suicidar enfermos inconscientes se han juntado en la plaza Farnese (la preferida de las izquierdas italianas porque no es muy grande). Hasta aquí han venido los del aborto, los promatromoniogay, los No-Vat, los apostataunavezalaño…
Ninguno de ellos por su cuenta reuniría a muchos. Pero mirad cómo estaba la plaza:
Nada como una buena temática mortuoria para reunir a esta clase de familia.
Ayer se celebró el funeral por Pablo Domínguez, un presbítero de la diócesis de Madrid que ha muerto en un accidente de alpinismo.
Presidió la Eucaristía el cardenal Rouco. En La homilía citó una carta de Pablo a unas religiosas contemplativas donde se habla del sentido cristiano de la muerte:
«No quiero acabar esta carta fraterna –y filial– de gratitud, sin hacer mención a la última de las llamadas de Consagración que para todos está cerca: me refiero a la muerte, que es ese encuentro amorosísimo, en abrazo eterno, con el Esposo. Todos tenemos un “día y hora” que el Padre –en su eternidad– conoce. Me interrogo: ¿no deberíamos esperar ese día con el mismo entusiasmo, ardor, deseo y sobrecogimiento ante el Don que nos espera, con que esperamos los acontecimientos de Consagración de esta vida? Suplico al Espíritu Santo que nos conceda mirar ahora nuestra vida con los ojos y el corazón que tendremos en ese momento último y definitivo: ¡Lo que en el momento de la muerte tiene importancia, la tiene ahora! ¡Lo que en ese momento sea accidental, también lo es ahora! En definitiva: ¡sólo Cristo y sólo el Amor es lo importante! Cuando tengáis momentos de turbación, ¡recordadlo! Que no nos seduzca nunca el maligno con máscaras de falsos amores. ¡Sólo Cristo, y sólo su Amor es la Vida!».
La peregrinación ecológica de la parroquia salió muy temprano hacia el monte.
En cuanto llegaron al lugar elegido -la ladera despoblada de una colina-, rezaron Laudes y celebraron la Eucaristía. El párroco les estuvo hablando del cariño con que Dios había creado todas las cosas. Les habló de la paz que se experimenta cuando se disfruta de la naturaleza, porque la naturaleza cumple la voluntad de Dios, y eso da mucha paz. Les habló de cómo la naturaleza es hermosa porque su diversidad es armónica, como la Iglesia. Insistió en que el hombre debe cultivar la naturaleza, que no es de su propiedad, sino que es una herencia de las generaciones pasadas que custodiamos para entregarla a los que vendrán…Les contó cómo se puede descubrir el amor de Dios mirando los cielos, y los campos, y los pajarillos…
Cuando acabó la Eucaristía, empezaron a plantar los pinos, hasta bien entrada la tarde.
¡Qué diferente es plantar un árbol si se hace desde la fe!
Había un grupo grande de chavales que no frecuentaban la parroquia y que también fueron, animados por la idea de regenerar una zona de monte quemado. Acercarse a lo que la Iglesia enseña sobre la naturaleza, y compartir con un grupo de parroquianos una jornada de trabajo ecológico les dejó muy sorprendidos.