Miércoles, 20 de Mayo de 2009
Cuando el acosado es un sacerdote I
Casi todos los presbíteros que conozco han tenido en un momento u otro la experiencia de que una mujer se enamore de ellos.
En la mayoría de los casos la situación se resuelve bien: el presbítero transmite a la mujer su negativa a mantener una relación, y la mujer lo acepta.
Pero a veces la mujer que se dice enamorada no admite el rechazo, y se mantiene en su actitud. Es entonces cuando comienza el acoso.
Muchos presbíteros en esta situación no hablan de ello porque cuando se trata el tema del acoso a un hombre, (y a un cura más aún), la conversación parece que se vuelve morbosa.
Si una mujer sufre acoso, todos comprenden que se está cometiendo una grave injusticia contra ella, y la Ley cae sobre el acosador de modo implacable.
En cambio, si un hombre (más aún un cura) reconoce que está siendo acosado, comienzan a aparecer sonrisitas en las caras de los interlocutores. Parece que hay algo gracioso en la situación, como si el acosado contara lo que le ocurre para presumir. Quizá algunos creen que eso de que una mujer vaya detrás de un hombre es algo bastante "simpático", como si se tratara de una especie de halago a la vanidad masculina. Quizá en la secreta imaginación de muchos aparecen fantasías en las que se encuentran acosados por hembras libidinosas.
La realidad no es así.
El acoso es una situación de gran tensión psicológica, que puede provocar un gran sufrimiento en la persona acosada, algunos de cuyos derechos más elementales se ven pisoteados por su atacante.
No tiene nada de gracioso que alguien no respete la propia libertad de decidir si se quiere tener una relación del tipo que sea con alguien o no. Da igual si la víctima es un hombre o una mujer: creer que el acoso tiene algo de morboso es una actitud deleznable.
A nadie se le ocurre decir que una violación es morbosa, ¿verdad?. Pues el acoso, aunque sea sólo psicológico, se sitúa en los mismos parámetros, tanto si lo sufre una mujer como si lo sufre un hombre.
Es asqueroso que alguien piense que hay algo de morboso en el ser acosado.
Acosar a alguien es un acto gravemente dañino, y está penado por la ley.
Los sacerdotes, por el tipo de actividades que realizan, son especialmente vulnerables al acoso, y es muy importante saber reaccionar a tiempo y hacerlo de modo correcto.
Me gustaría poner algunas entradas sobre este tema, con una doble intención:
1.-Mostrar mi apoyo a cualquier compañero presbítero que pueda estar sufriendo acoso en este momento.
2.-Despertar la sensibilidad que este tema requiere, para que todo el mundo lo tome con la seriedad adecuada y sea capaz, en un momento dado, de prevenir el acoso y, si éste se da, de acompañar al acosado al menos con la oración y la cercanía personal.

Aliento la profundización del tema. En especial cuando al acoso se le añade la estorción, la amenaza de calumnias, etc.
Los fieles no siempre recordamos cuánto debemos cuidar y rezar por nuestros sacerdotes.
Respetos.
Natalio
Se le ocurrió decirlo a Natalio — 20 May, 2009 @ 4:18 pm
:)
¿Qué más quieres que te diga?
Pues eso.
Y que el Señor nos libre!
‘
Se le ocurrió decirlo a Anonymous — 20 May, 2009 @ 7:40 pm
Oh!, perdón: El de arriba era yo.
Saluti!
Se le ocurrió decirlo a Terzio — 20 May, 2009 @ 7:42 pm
Menudo tema, ¿verdad?
Se le ocurrió decirlo a Todo era bueno — 20 May, 2009 @ 8:27 pm
Siento mucho tener que hablar de este tema, tengo dos amigos que han sufrido esta situación.
El primero hace mas de 20 años, y no duró mucho, pero lo apoye al ver su angustia.
El segundo ha resultado sufrirlo mucho mas tiempo, hasta el extremo inimaginable, al principio tengo que confesar que me lo tomé con sorna, incluso le bromeaba, pero cuando se prolongó en el tiempo, lamentamos juntos tal situación.
Ultimamente, le pregunte a mi primo el abogado que se podria hacer al respecto, y me dijo que solo le queda la denuncia y que el juez resuelva una orden de alejamiento a la sujeta.
Pero si la sujeta esta discapacitada psiquicamente, pues como que no hay nada que hacer.
Solo nos queda sufrirlo junto a él, y rezar por la sujeta.
Se le ocurrió decirlo a Enrique — 20 May, 2009 @ 10:17 pm
Me duele que ocurran estas cosas. Desde que estoy participando activamente en mi parroquia, ya hace más de 20 años, he conocido más de una persona que sufria de este mal, porque realmente están muy enfermas, no ven el sufrimiento que causan al propio présbitero sobre todo, y tambien a las personas que hay alrededor y de las que sienten celos infundados.
Por ello estoy dispuesta a ayudar y rezar por quien quiera que sufra algún acoso de este tipo
Se le ocurrió decirlo a María — 21 May, 2009 @ 8:46 am
Que te entiendan ya es mucho.
Se le ocurrió decirlo a Todo era bueno — 21 May, 2009 @ 10:19 am
No sabía que esto sucedía con esa regularidad y en algunos casos llegando incluso al acoso. Gracias por abrirnos a esta realidad, TEB.
Por supuesto, rezo y doy gracias por todos nuestros sacerdotes, a quienes de manera general os admiro y respeto profundamente, tanto como os necesito.
Se le ocurrió decirlo a Eduardo Cabrera — 22 May, 2009 @ 5:10 pm
Gracias, Eduardo.
Se le ocurrió decirlo a Todo era bueno — 22 May, 2009 @ 5:13 pm
He visto sufrir mucho a sacerdotes por esta situacion, quiza si no fueran hombres de Dios, hubieran denunciado la situacion,y punto, pero al ser sacerdotes no lo han hecho para no hacer daño publicamente a la otra persona.
Si el acoso se hace por medio escrito,o llamadas telefonicas, la cosa es muy sencilla de resolver.
Rezemos por los sacerdotes que estan sufriendo “hoy” en silencio esta situacion.
Se le ocurrió decirlo a Lola — 24 May, 2009 @ 8:33 pm
Con un hijo recién ordenado sacerdote no puedo pasr por alto algo tan lamentable. Qué bueno qu elo hayas tocado. Personalmente he conocido un caso “leve” (nunca lo son) y mi madre supo de uno terrible, la mujer estaba empecinada y pensamos que medio loca, y el sacerdote era jovencito…puffff
Se le ocurrió decirlo a alemamá — 31 May, 2009 @ 4:21 pm
Alemamá, muchas felicidades por lo que te toca
Se le ocurrió decirlo a Todo era bueno — 31 May, 2009 @ 6:47 pm