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Jueves, 4 de Junio de 2009

Jesucristo, sumo y eterno sacerdote.

La oración de hoy recuerda a los que han recibido el ministerio sacerdotal:

Oh Dios, que para gloria tuya y salvación del género humano constituiste a tu Hijo único sumo y eterno sacerdote, concede a quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus misterios la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Pero el oficio de lecturas habla del sacerdocio bautismal, con un texto de la Mediator Dei:

Cristo es ciertamente sacerdote, pero lo es para nosotros, no para sí mismo, ya que él, en nombre de todo el género humano, presenta al Padre eterno las aspiraciones y sentimientos religiosos de los hombres. Es también víctima, pero lo es igualmente para nosotros, ya que se pone en lugar del hombre pecador. Por esto, aquella frase del Apóstol: Tened los mismos sentimientos propios de Cristo Jesús exige de todos los cristianos que, en la media de las posibilidades humanas, reproduzcan en su interior las mismas disposiciones que tenía el divino Redentor cuando ofrecía el sacrificio de sí mismo: disposiciones de una humilde sumisión, de adoración a la suprema majestad divina, de honor, alabanza y acción de gracias.

Les exige asimismo que asuman en cierto modo la condición de víctimas, que se nieguen a sí mismos, conforme a las normas del Evangelio, que espontánea y libremente practiquen la penitencia, arrepintiéndose y expiando los pecados.

Exige finalmente que todos, unidos a Cristo, muramos místicamente en la cruz, de modo que podamos hacer nuestra aquella sentencia de san Pablo: Estoy crucificado con Cristo.

Esperemos que este año que empieza, llamado año sacerdotal no acabe siendo un año clerical, y, se otorgue al sacerdocio común la importancia que requiere en la teología, en la oración y en la vida de todos los creyentes.

Porque, ¿cómo entender el sacerdocio ministerial sin entender el sacerdocio bautismal?

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Jueves, 4 de Junio de 2009

La espiritualidad reparadora y el Corazón de Jesús

Siempre me ha costado el vocabulario con que se expresa la espiritualidad centrada en el Corazón de Jesús.

Hablar del Corazón de Jesús es, en el fondo, un modo de referirnos a la Misericordia de Dios manifestada en Cristo. Es el centro de nuestra fe: el Amor de Dios.

Por eso me patinan algunas expresiones como "devoción al Corazón de Jesús". ¿Se puede tener devoción a Dios?¿No es un vocabulario pobre para hablar de la centralidad de Jesús en la vida del cristiano?

Es como eso de "tener devoción" a la Eucaristía. Eso es tratarla muy mal. La "devoción" en el uso normal de la palabra, es una palabra más apta para designar una espiritualidad en relación a un santo. Devoción a san Antonio. O a santa Rita. Pero, ¿A la Eucaristía, que es la fuente y culmen de la vida de la Iglesia?¿Devoción a Jesús o al Corazón de Jesús (que es lo mismo)? No me acaba de gustar porque da la impresión de que pone a Jesús en el mismo nivel que los santos.

Otra cosa que me costaba es lo de la espiritualidad de reparación. Siempre la había entendido como que había que rezar para que Dios no se enfadase o para que a Jesús se le pasase el disgusto por las blasfemias y sacrilegios. Y claro, no me acababa de encajar en la cabecita racionalista que tengo. La verdad es que no me imagino a Jesús llorando porque se ha quedado solo en el Sagrario. No digo que no sea así, sino que no me lo imagino.

Así estaban las cosas cuando ayer leí en un blog que la espiritualidad de reparación lo que busca es reparar el mal que se ha hecho en el mundo, es decir, procurar "solucionar" el daño que hemos hecho con nuestros pecados. Así, la reparación, que es consecuencia necesaria de la conversión, consiste, en primer lugar, en pedirle a Dios ayuda para que donde ha habido pecado sobreabunde la gracia. Y, en segundo lugar, en intentar mediante actos, gestos y palabras concretas, reparar el mal que sufren las personas a causa  de sus propios pecados y  de los pecados ajenos.

Así, el deseo de reparación del Corazón de Jesús no es principalmente el deseo que tiene de que se le haga justicia o de que alguien le seque las lágrimas, sino el deseo de que se curen todas las heridas que ha hecho el pecado.

Qué gusto da que le expliquen a uno las cosas bien.

PD: El blog donde he leído lo de arriba es éste. Su autor lo explica mejor, claro.

Lámpara

"Es Jesús a quien buscáis cuando soñáis la felicidad."

Juan Pablo II

Algunos datos

Sobre este sitio

Es necesario que en Internet haya un espacio para Cristo. De lo contrario, tampoco habrá lugar para el hombre.


Y vio Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno. Y vio Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno. Y vio Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno. Y vio Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno.





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