Sábado, 6 de Junio de 2009
Por la acera, bajo las ramas de un enorme magnolio, van paseando dos jóvenes muy juntitos. Uno parece afroamericano, y lleva un carrito con un niño pequeño. El otro es pelirrojo. Va agarrado a la cintura de su acompañante. En la otra mano lleva un mapa de Roma. El niño del carrito es rubiete y va completamente dormido. De modo inconsciente busco la presencia de una mujer en las cercanías. Nada.
Me los quedo mirando un momento, para asegurarme de que no me engañan los ojos. ¿Qué voy a hacer, si un día me traen al niño para que lo bautice?
A mi lado cae una enorme cagarruta de gaviota.
Es hora de moverse.
