Lunes, 8 de Junio de 2009
Cuando el acosado es un sacerdote III
Hoy he leído un articulito sobre el acoso laboral.
No sé si el acoso a un sacerdote podría ser considerado acoso en el trabajo. De hecho, el acoso al cura se da en el "lugar de trabajo" del mismo, y, muchas veces, en ocasiones, digamos "laborales" (confesión, dirección espiritual, etc)…
De todos modos, lo que me ha gustado del artículo es que adelanta esta definición de acoso:
¿quién pone la barrera entre la barrabasada, la broma pesada y el acoso en toda regla? No es el nivel de atrevimiento el que marca la frontera del acoso, sino lo "no deseado" de tal conducta por parte de quien la recibe. "Así que puede ser desde un chiste hasta un gesto, si es reiterado y hostil"
Efectivamente: el acoso no lo es por tratarse de un "meter mano" o de hacer una broma: lo que hace que un acto sea tal es el carácter de "no deseado" de modo permanente. Es la insistencia frente al NO, la vulneración del derecho del acosado a seguir adelante con su vida y su trabajo sin ser molestado, es la falta de respeto a la libertad del otro. Puede ser un SMS, o un correo electrónico, o una llamada. Si se hacen en contra de la voluntad expresa del acosado, son un delito.
La cuestión, pues, es demostrarlo.
Conviene, por un lado, tener testigos de los abusos. Por ello decía en mi anterior entrada sobre el tema, que conviene, llegados a determinado punto, que la situación sea pública. Cuantos más estén al corriente más fácil será que se den cuenta de los excesos de la acosadora y puedan un día dar testimonio ante la policía.
También conviene acumular pruebas. Guardar las cartas es una buena precaución. También lo es archivar los correos electrónicos, SMS… Afortunadamente, las compañías telefónicas guardan un registro de llamadas, con lo que es fácil demostrar la insistencia telefónica. Los proveedores de Internet pueden suministrar, con orden judicial, los datos del cliente con una dirección IP determinada. Internet no es tan anónimo como parece. La policía también cuenta con medios de escucha telefonica que permiten grabar con mandato judicial las llamadas a determinado móvil.
Es una buena noticia que la sociedad esté empezando a sensibilizarse respecto a este problema.
Y lo es -entre otras cosas- porque es necesario lanzar a las acosadoras de sacerdotes el mensaje claro de que sus crímenes no quedarán impunes, y que, si perseveran, un día pueden tener que rendir cuentas delante de un juez.

¿Pasa a menudo?
Se le ocurrió decirlo a Javier — 8 June, 2009 @ 10:03 pm