Dice el Talmud que de todo placer lícito que no disfrutemos deberemos dar cuentas a Dios.

Es una afirmación que he meditado mucho.

Acabo de leer que "para gustar de las cosas divinas hay que primero gustar de las del mundo, que son puente de aquellas, pues quien no goza ordenadamente de lo mundano no podrá darse cuenta de la necesidad que tiene de gozar de lo del Cielo".

(Lo he leído en un blog que se llama "Abrazados a la verdad". Me gusta tener amigos que escriban esas cosas. Es un verdadero placer.)