Jueves, 2 de Julio de 2009
Creo que todos hemos visto esta escena alguna vez: dos perros se encuentran por la calle y se olisquean mutuamente el trasero. No sé exactamente el sentido del gesto, pero supongo que tiene que ver con el mutuo reconocimiento y con ese marcar el territorio que a veces hacen los perros con el pis.
La evolución humana ha llevado una actitud parecida a modos más refinados.
El otro día estuve en una cena en la que había un montón de curas. Allí estaba Elqueyaera, Elqueibaaser, Elquequeríaser, Elquehabíasidoylegustabarecordarlo, Elquenuncaseríaperonodejabadeintentarlo, Elqueerasinsabercómo, Unoqueapuntabamaneras y varios Nifúnifá.
Elqueyaera le echó desde el principio la vista encima a Unoqueapuntabamaneras, y se pasó la cena preguntando por su nombre, que no acababa de recordar porque era un poco raro: se veía que le interesaba preparar futuras relaciones mutuamente convenientes. Al fin y al cabo, nadie llega a ser sin conocer a otros que ya son y a muchos que podrían ser.
En determinado momento del tentempié se acercaron ambos a la mesa de las bebidas. Elqueyaera saludó con simpatía a Unoqueapuntabamaneras. Mientras les servían el champán, como quien no quiere la cosa, fue explicándole al otro lo larga que tenía la estirpe familiar. Para que se situara. Unoqueapuntabamaneras pilló enseguida la cosa, y, sin amilanarse, le expuso al otro algunas brillantes líneas de su currículum vítae.
Al final, cada uno memorizó los apellidos del otro y se disolvió la cumbre. Hasta la otra.
Fue muy divertido y muy civilizado.
Hemos mejorado mucho desde lo de oler los culos.

Un gran avance de la evolución es la anosmia. Cada vez son más los que gozan de ese privilegio el cielo. Cuando falta un sentido se agudizan los otros. Felipe II, por ejemplo, no podía olfatear sus súbditos pero los miraba de un modo tan penetrante que la mismísima Santa Teresa se sintió turbada ante él y se sintió obligada a mirar al suelo mientras formulaba, brevemente, sus peticiones.
A mí me preocupa la costumbre, muy extendida entre los varones, de palpar los bíceps de otros machos a modo de saludo. Eso jamás lo hará un labrador o un tipo amable y educado en la fe católica pero lo hace esa gente que se ha educado en gimnasios y otras juergas.
Más de una vez he comprobado cómo uno de esos tipos “cachas” se apartaba de mí, horrorizado tras intentar palpar inútilmente mis inexistentes músculos, creyendo haber rozado a un fantasma.
Se le ocurrió decirlo a Javier — 2 July, 2009 @ 10:18 pm
:)
Eres todo un antropólogo, Javier. A mí no me ha pasado nunca, pero imagino que se trata de rituales con el mismo fin: saber quién es el otro, ¿no?
Se le ocurrió decirlo a Todo era bueno — 2 July, 2009 @ 10:23 pm
Perdón por poner un mensaje detrás de otro. A lo mejor no es una cosa amable. Pero estoy releyendo la Escatología de Ratzinger que cita a Teilhard de Chardin y asegura que dijo que el fin de la evolución es procurar la aparición de ojos mejores, o algo así.
Se le ocurrió decirlo a Javier — 2 July, 2009 @ 10:33 pm
¿Me ha llamado antropólogo? ¿Son esos que se comen a la gente?
Se le ocurrió decirlo a Javier — 2 July, 2009 @ 10:34 pm
¿Nunca le ha pasado que un tipo le toque el bíceps?
Se le ocurrió decirlo a Javier — 2 July, 2009 @ 10:37 pm
Hay algunas personas que nada más conocerte quieren una completa información económico-profesional, y tienen mucha habilidad para sonsacártela con estas dos preguntas: ¿A qué te dedicas? ¿Y qué tal te va?
Se le ocurrió decirlo a Pablo — 6 July, 2009 @ 1:42 pm
Don Pablo: ¿Es usted un profeta?
Es que hace poco me pasó algo parecido. Vino un tipo y me preguntó que quien era yo. Le dije que era el cura del lugar. Se ve que le dí pena por que me preguntó: ¿Qué tal? Y le dije: Pues ya ve usted, mal, aquí no viene nadie a Misa. Me dio un abrazo para comprobar el estado de mis bíceps y me perdió el poco respeto que quizá me tuvo alguna vez. También él -me dijo- era cura, pero estaba muy cachas, llevaba un Lacoste, venía a hacer una boda y se marchó sin despedirse. Los novios, sus amigos, dejaron la iglesia hecha un asco pero se ve que se les olvidó pagar los ciento sesenta euros estipulados para la boda fuera de la parroquia propia.
Se le ocurrió decirlo a Javier — 7 July, 2009 @ 12:05 am
Javier, necesitas unas buenas vacaciones.
Se le ocurrió decirlo a Todo era bueno — 10 July, 2009 @ 9:19 am