Es viernes, y estoy en la lavandería-internet point a punto de poner la ropa en la secadora.

Una chica que parece rusa está hablando por el móvil.

El encargado del negocio, que es subsahariano, está mirando en la pantalla de un ordenador una lista de contactos llena de fotos de chicas sonrientes.

Por los altavoces que hay en la pared se escapa una voz que, en un árabe monótono, va musitando los rezos del día santo musulmán.

A lo lejos, unas campanas tañen el Ave María.