Ayer un comentarista me preguntó si, además de aplaudir el gesto de Pablo VI de quitarse la tiara, también aplaudía la encíclica Humanae Vitae.

Aunque no lo dijo explícitamente, parecía insinuar que uno que estuviera en contra del uso papal de la tiara probablemente también estaría en contra de su más contestada encíclica. Como si se tratara de un Pack completo e indivisible.

Hay que ver lo fácilmente que se nos meten los estereotipos.

Lo diré claramente:

La tiara me parece extremadamente inapropiada para el siglo XXI y, aunque algunos se sorprendan, no soy ni comunista ni masón.