Lunes, 31 de Agosto de 2009
-"¿Has visto cuánta gente ha venido a la celebración penitencial? Estaba el templo lleno".
-"Sí, claro. Pero más de la mitad eran neocatecumenales".
Mmm.
Ese "pero"….
Ese terrible "pero"…
-"¿Has visto cuánta gente ha venido a la celebración penitencial? Estaba el templo lleno".
-"Sí, claro. Pero más de la mitad eran neocatecumenales".
Mmm.
Ese "pero"….
Ese terrible "pero"…
Hemos acabado de cenar.
La televisión está encendida y los niños (10, 5 y cuatro) están mirando embobados un programa de humor centrado en las aventuras sexuales extramatrimoniales de los actores.
Le pregunto al padre de los críos si se ha dado cuenta de lo que están mirando.
Levanta los hombros, como si se tratara de una situación inevitable, y se excusa diciendo: "Los niños no se enteran de nada".
Ya.
Creo, amigo, que el que no se entera de nada eres tú.
Y es una pena, porque aún podrías elegir.
Bastaría un poco de inteligencia y de coraje.
Por fin, este blog está empezando a darme beneficios materiales: ayer me regalaron un bote de insecticida para las cucarachas.
Lo he agradecido de corazón, aunque mi amigo T dice que para qué lo quiero.
Con lo efectivo que resulta el gel.
"Querido hermano, piensa qué grande es la dignidad de nuestra condición por la misericordia de Dios. Por medio de la obediencia nosotros nos alzamos por encima de nuestra pequeñez y podemos obrar conforme a la voluntad de Dios. Más aún: adhiriéndonos así a la divina voluntad, a la que no puede resistir ninguna criatura, nos hacemos más fuertes que todas ellas. Ésta es nuestra grandeza; y no es todo: por medio de la obediencia nos convertimos en infinitamente poderosos."
S. Maximiliano Kolbe
En el baño hay una cucaracha. Seguramente ha salido por el desagüe de la ducha.
La he visto en cuanto he encendido la luz.
Ella también me ha visto, y está buscando desesperada un escondite.
No tengo a mano mi arma favorita, así que abro el bote de gel y le echo un chorro encima.
En cuestión de segundos, la cucaracha se pone patas arriba y empieza a agitarse convulsivamente. En poco tiempo la alcanza el rigor mortis.
Nunca había pensado que un chorrito de jabón fuera más efectivo que el Cucal de toda la vida.
Leo con curiosidad la etiqueta:
"Axe Skin Resurrection. Gel de ducha".
Está claro.
Los sucedáneos de la resurrección son puro veneno.
Hoy he leído esta frase:
"Sólo colocamos a la gente en pedestales cuando no nos amamos a nosotros mismos lo suficiente como para creer que somos iguales a ellos".
No sé si una autoestima inadecuada está detrás de ese poner a la gente en pedestales.
Pero desde luego se debe a una antropología extremadamente equivocada y poco evangélica.
La experiencia acumulada me ha llevado a calcular que, de media, una confesión dura tres minutos. En base a esta cifra es posible calcular bastante bien cuánto dura una celebración penitencial: basta multiplicar por tres el número de penitentes y dividirlo por el número de confesores. Suelo equivocarme de muy poco, y creo que cuando se organiza una celebración de este tipo debería tenerse en cuenta este tipo de cálculos, porque, si no, unas veces sobran confesores y otras veces las celebraciones no se acaban nunca. Digo todo esto, por supuesto, con la consciencia de que cada persona merece el tiempo justo, y que hay penitentes que necesitan cinco minutos o más, mientras que otros con poquísimo tiempo tienen suficiente. No quiero matematizar el maravilloso sacramento de la penitencia sino aportar mis reflexiones para poderlo organizar mejor.
Todo esto viene a cuento de un dato que acabo de leer: el santo cura de Ars confesó a unas 100.000 personas en su último año de vida. No sé si esta cifra se refiere a un año completo, pero suponiendo que así sea, y teniendo en cuenta que el santo cura se sentaba a confesar algunos días hasta 17 horas, resulta que la media de tiempo por confesión es de unos 3,72 minutos.
Si tenemos en cuenta que no todos los días confesaría, que no siempre tendría 17 horas para confesar, y que se confesaban en francés, creo que mis tres minutos resultan bastante aproximados.
De lo cual extraigo dos conclusiones (aparte de la alegría de coincidir en criterios con un santo como el de Ars):
1.-Dado que la confesión no es la dirección espiritual, generalmente, una confesión sincera, concreta, concisa, con los detalles imprescindibles, es más que suficiente. El corazón del sacramento es el deseo de conversión. Y Dios no es un juez malicioso que espera que se nos olvide algún subapartado para enviarnos a la cárcel
2.-La reflexioncita del confesor no necesita empezar por el libro del Génesis. En 3,72 minutos (confesión del penitente incluída) poco podía decir el santo cura. Las palabras justas, sinceras, apropiadas, inspiradas, son lo que se necesita. Dios es Amor, Amor, Amor. Si él no ha dicho otra cosa, ¿qué pretendemos nosotros?
Estaba pensando en hacer una cosa mala.
No se le iba de la cabeza. Era el león rugiente que rondaba buscando una rendija.
"Mirad, concibió el crimen, está preñado de maldad y da a luz el engaño".
Estaba ya en la segunda fase. Todos los planes a punto.
Mientras esperaba el momento oportuno se le ocurrió abrir el breviario y rezar las vísperas, "para pasar el rato".
Recitaba casi sin pensar los salmos mientras ajustaba los detalles imprecisos del plan.
"Estás haciendo algo sacrílego: te entretienes con las vísperas mientras maquinas maldades. Lo mejor es que cierres ese libro", le decía el león, asustado.
A trancas y barrancas, acabó las vísperas. Cerró el breviario y pensó:
"Voy a confesarme".
Y allí se quedó el león, convertido en sapo, con dos palmos de narices.
Ha llegado el primero a la puerta de embarque y un poco después se ha formado la fila para subir al avión.
Viste clergyman y una gran cruz de plata colgando del cuello. En una mano sostiene los folios de la tarjeta de embarque. El único equipaje es un maletín de esos de 55x40x20 que permiten subir a la cabina.
Nadie se ha dado cuenta de que quien está esperando para embarcar es un Cardenal (y uno de los más conocidos!!). Miro alrededor, buscando el séquito o, al menos, a algún acompañante. Nadie.
Me acerco a darle conversación. Mientras hablamos de temas de nivel C (charla superficial que no compromete a nadie), me doy cuenta de lo sencillo que es este hombre.
Nada de corte de compañía. Ni aerolíneas de primera. Ni pasajes Bussiness. Ni salones VIP.
Un asiento de pasillo de una compañía Low Cost.
Me parece tan "a lo Jesucristo"…
"Es Jesús a quien buscáis cuando soñáis la felicidad."
Juan Pablo II
Es necesario que en Internet haya un espacio para Cristo. De lo contrario, tampoco habrá lugar para el hombre.

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