Hoy, en España, hemos sufrido una pésima traducción del evangelio de Mc 10,46-52

En el versículo 46, Marcos presenta al ciego como

ὁ υἱὸς Τιμαίου Βαρτιμαῖος,

es decir, "el hijo de Timeo, Bartimeo". Sin embargo, la traducción-traición de la liturgia dice "Bartimeo, el hijo de Timeo".

Alguno puede preguntarse si esta variación de orden merece un comentario. Pues voy a demostrar que sí:

El texto griego, al presentar al ciego, uno de los protagonistas de la escena, emplea un orden raro. Lo normal sería decir primero el nombre (Bartimeo) y después alguna otra aclaración (el hijo de Timeo). Pero el texto griego lo hace al revés. ¿Por qué? Esta pregunta no se la han hecho, por lo visto, los traductores al español: no les gustaba el orden y lo han cambiado para hacerlo más normal.

Pero de ese modo se han cargado un paralelismo entre la presentación de Bartimeo y la de Jesús  en el grito del ciego pidiendo su ayuda. Porque el ciego no grita, como sería normal "Jesús, Hijo de David…", sino "Hijo de David, Jesús"

 υἱὲ Δαυὶδ Ἰησοῦ.

Un orden ilógico de nuevo (esta vez la traducción lo ha respetado).

Es decir: El ciego es presentado no por su nombre, sino por su filiación. Lo primero que se dice de él es que era el hijo de Timeo. Esa relación es lo importante. Tanto, que el nombre del ciego es su filiación: Bartimeo es el modo arameo de decir "hijo de Timeo". El mendigo es tan poca cosa, que casi no es: se dice de él que es el "hijo de…".

Ese ciego comprende el mundo así: al oír hablar de Jesús, lo considera un "hijo de…David". Es lo primero que grita. También dice "Jesús", pero eso la primera vez que grita. A la segunda sólo dice "Hijo de David".

La conversión de Bartimeo se expresa cuando, al ser llamado (vocación) y entrar en el camino (discipulado) se acerca a Jesús y le dice "Rabbuní", maestro-señor mío.

Bartimeo, al acercarse a Jesús, lo reconoce no ya como el "hijo de David" (cosa que es insuficiente en el evangelio de Marcos), sino como MI MAESTRO. El discipulado es, para él, descubrir la relación que hay entre Jesús y su persona. Y, a renglón seguido, le confiesa lo inconfesable: Que vuelva a ver. Cuando está fuera del camino (discipulado), Bartimeo pide algo general (ten misericordia). Ser ciego era una vergüenza, la prueba externa de algún pecado, propio o de los padres, por lo que los ciegos no podían dar culto debidamente. Cuando se acerca a Jesús, aquél mendigo que no era nadie, le dice a Jesús: Tú eres mi maestro=reconoce su relación de dependencia, no ya de su padre, Timeo, sino de Jesús, el Maestro que devuelve la vista. Y, desde esa relación, puede declarar, sin verguenza: Maestro mío, me pasa una cosa muy gorda. No veo. Haz que vuelva a ver.

El hijo de Timeo, Bartimeo, será a partir de entonces el discípulo de Jesús.

¿Se entiende ahora porqué era importante traducir bien el orden de las palabras?