Algunos acaban de descubrir el agua caliente.

EL obispo de Pamplona y Tudela ha pedido a la concejala de un pueblo que, al mismo tiempo, era un agente de pastoral cualificado en su parroquia, que elija. O la política o el servicio pastoral. Lo que no puede ser es que una persona por la mañana esté "casando" a dos chicos en el Ayuntamiento y por la tarde esté presentando el catecismo de la Iglesia Católica.

Lo siento. Ya hemos hecho ese camino. Aún lo hacemos. Y no es lo nuestro.

Al César, lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios. La política es un servicio maravilloso a la comunidad humana. Pero es incompatible con el servicio público a la comunidad cristiana. Uno no puede ser catequista y concejal, político y ministro extraordinario de la comunión, alcalde y sacristán. Los enfrentamientos propios de la política ponen en riesgo el buen ejercicio de los servicios públicos eclesiales. Eso es de cajón, independientemente del partido en el que se milita. (Naturalmente hay servicios a la parroquia que sí que puede realizar un concejal, como limpiar los wáteres o almidonar los purificadores)

Por eso estoy de acuerdo con el obispo de Pamplona, por mucho que algunos quieran armar jaleo con un victimismo tonto.

Por supuesto, si yo fuera el obispo, me apresuraría en aclarar las cosas con una carta pastoral, para que nadie piense que se ha actuado así en este caso porque la implicada era socialista, porque lo que vale para el PSOE vale para el PP, partidos ambos que no respetan la vida. Creo que convendría explicar a todos la separación sanísima entre Iglesia y Estado. Y, ya que estamos, invitar a los cristianos a meterse en política, y pedir a los políticos con cargo pastoral que dejen una de las dos actividades. Porque los agentes de pastoral no han de meterse en política.

Y los obispos tampoco.