Uno va con toda devoción a rezar el oficio de lecturas del día de todos lo santos y se encuentra con esto:

PEREGRINOS DEL REINO CELESTE

Peregrinos del reino celeste,
hoy, con nuestras plegarias y cantos,
invocamos a todos los santos,
revestidos de cándida veste.

Estos son los que a Cristo siguieron,
y por Cristo la vida entregaron,
en su sangre de Dios se lavaron,
testimonio de amigos le dieron.

Sólo a Dios en la tierra buscaron,
y de todos hermanos se hicieron.
Porque a todos sus brazos se abrieron,
éstos son los que a Dios encontraron.

Desde el cielo, nos llega cercana
su presencia y su luz guiadora;
nos invitan, nos llaman ahora,
compañeros, nos llaman ahora,
compañeros seremos mañana.

Animosos, sigamos sus huellas,
nuestro barro será transformado
hasta verse con Cristo elevado
junto a Dios en su cielo de estrellas.

Cuando toca un himno de estos, siempre sin firmar, como si por ser anónimos fueran parte de no sé qué noble patrimonio, me pongo malo. El himno es cutre, infantil, zafio, y con un aire a cara el sol que echa para atrás. Esas rimas consonantes me sacan los ojos de las órbitas.

Debería hacerse público el nombre de su autor (este "poema" no ha salido de un milenario depósito monástico). Y debería hacerse público el nombre del liturgo que propuso que este himno fuera leído en toda España durante los últimos decenios. Y en una ocasión como la de "Todos los santos". Lo siento si soy un poco criticón, pero cuando me encuentro con una obra de tan baja calidad, tan fea, no puedo menos que preguntarme cómo ha podido superar los controles mínimos que se le suponen a la elaboración de la liturgia de las horas. Soy malo, y por eso lo único que se me ocurre es que el autor era amigo del liturgista (o el mismo liturgista).

Y, sobretodo, lo que me gustaría es que en la nueva versión del breviario este himno FUERA ELIMINADO.