Miércoles, 4 de Noviembre de 2009
Éste es uno de mis textos favoritos del AT.
En su "traducción" litúrgica dice:
…Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado das lugar al arrepentimiento. (Sabiduría, 12,19)
Ἐδίδαξας δέ σου τὸν λαὸν διὰ τῶν τοιούτων ἔργων ὅτι δεῖ τὸν δίκαιον εἶναι φιλάνθρωπον, καὶ εὐέλπιδας ἐποίησας τοὺς υἱούς σου ὅτι διδοῖς ἐπὶ ἁμαρτήμασιν μετάνοιαν.
El texto anterior al versículo 19 pretende explicar la pedagogía divina empleada con egipcios y cananeos. A ambos pueblos, idólatras hasta la médula, y autores de las aberraciones más innombrables, Dios los castigó poco a poco, porque eran hombres, destinatarios del perdón. Como todos los hombres. Y el castigo que les proporcionó era una medicina suministrada con mesura, dosis a dosis, pues lo que pretendía no era la destrucción de nadie, sino dar lugar al arrepentimiento (Cf. Sab 12,10).
Al final del capítulo 12 se vuelve a esa idea: todo este proceder de Dios con los pecadores es también una pedagogía para el justo. Mediante estos actos, Dios quería enseñar "a los buenos" que el justo debe amar a los hombres, ser un filántropo ( φιλάνθρωπον). Sí. Toda corrección divina viene del amor y pretende el amor. No es correcto "acceder" al pecado de los demas sin tener una simpatía previa con cada hombre (también con el pecador).
Todo pecado resulta de una pretensión de bondad que el Demonio ha enrevesado. Toda obra mala nace de una raíz buena. Toda mala acción responde a la deformación de la maravillosa imagen que Dios ha impreso en cada hombre. No es posible ayudar a corregir el pecado del hermano si no se ve antes, y sobre todo, la belleza de la obra divina. El hermano que obra mal es ante todo y sobre todo, un hijo de Dios, un hijo por quien el Hijo ha dado la vida. Y eso merece mucho respeto y mucha simpatía. La idea es ayudar a desenredar la madeja, desde la humildad de quien es conciudadano de la debilidad. Corregir de otro modo es demoníaco, porque nace de una presunta superioridad personal que es más propia del Príncipe de la Mentira que de quien reconoce que el barro del hermano es como el propio.
Además -volviendo al texto- obrando así Dios ha hecho que el pecador naciera a una buena esperanza (εὐέλπιδας). No hay otro modo de corregir al malo que enseñándole que existe una salida a su situación, y que estamos dispuestos a ayudarle a salir. Lo contrario es poner al pecador ante su pecado sin solución ninguna, lo cual es una invitación, en definitiva, a la alienación o al suicidio. El Señor nos enseña las abolladuras de la carrocería, nos dice que tienen arreglo y nos lleva el coche al taller. Y paga la factura. Pero se requiere nuestro consentimineto, y para dárselo necesitamos creer que hay arreglo. Sin esperanza no hay cambio a mejor. Por eso -sigue diciendo Sab 12,19- Dios da SIEMPRE, al pecador, la posibilidad del retorno, el espacio para la teshuvah, para la conversión, para la fiesta.
(Aprovecho para animaros a leer el libro de la Sabiduría, que contiene una preciosa colección de midrashim sobre el Éxodo. Ya sabéis que leer la Escritura es volver a pasear por el Edén).
