El "tribunal" le preguntaba al preso:

-"¿Es Usted religioso?".

-"Sí",- respondía el acusado.

-"¿Está Usted dispuesto a defender la República con las armas?".

-"No".

-"Pues la sentencia es libertad definitiva".

Con ese vocabulario se condenó a decenas de agustinos a morir fusilados durante los martirios programados de finales de noviembre de 1936 en Madrid.

Libertad definitiva.

Lo más irónico es que todos aquellos religiosos muertos por la fe alcanzaron esa libertad.

Por otro lado, no dejo de ver cuánto se parece aquél vocabulario al de nuestros abortistas, que proclamando la libertad (esta vez, de la madre) también firman sentencias de muerte.

Libertad. ¡Cuántas atrocidades se han hecho en tu nombre!